Opinión

Negocio político

Negocio político

Cuantas veces se comprueban actos dolosos llevados a cabo en el seno de la administración pública, muchos dominicanos y dominicanas dominados por la buena fe se manifiestan sorprendidos y al reaccionar en semejante forma demuestran que ignoran que el ordenamiento social vigente en el país está diseñado bajo los signos de la corrupción, el oportunismo, el clientelismo y el derroche de los recursos del erario.

 Para darse cuenta la razón por la cual la delincuencia política se mueve con tanta libertad alrededor del Estado hay que conocer la esencia misma del sistema social, el comportamiento clasista de las cúpulas de los partidos tradicionales y en particular su ambición desmedida hacia la mercancía dinero.

Lo que motoriza la presencia de amplios sectores, clases y capas sociales en las organizaciones políticas que sirven de sostén a todo el sistema, es la posibilidad que tienen de llegar a formar parte de uno de los organismos e instituciones del Estado, para desde su interior, y con los fondos del presupuesto nacional, enriquecerse en forma ilícita.

 Lo que se ha visto aquí, en el accionar de los politiqueros, es que su actitud ante cada fenómeno se orienta por el camino que lleva hasta donde está el manejo de valores económicos que pueden ser distraídos sin ningún control oficial, con el agravante de que mientras más amplio es el número de los clientes políticos mayor es el derroche del presupuesto.  Para los que colaboran en los procesos electorales con los que luego resultan triunfadores, la llegada al gobierno entraña pago por los servicios políticos prestados; de ahí que derrochar, malgastar, desperdiciar es de la cultura de los politiqueros tradicionales cuando de repartir el dinero del pueblo se trata.

Por la forma de hacer política como se lleva a la práctica en nuestro medio, el fenómeno de la corrupción está presente en la generalidad de las operaciones que se hacen desde las instituciones que componen el Estado dominicano.  Resulta casi imposible para un partido del sistema mantener complacida su militancia si no es mediante la repartición de los dineros provenientes del erario. 

Los disgustos, desavenencias, las diferencias que ocurren en los partidos de clientes, tienen su punto de partida en la imposibilidad de satisfacer las ambiciones de todos los miembros y militantes, o no poder ubicarlos en los cargos a los cuales aspiran llegar, no para cumplir con una función para bien de la sociedad, sino desde la cual se puedan hacer de un fuerte patrimonio económico con los dineros que tengan la posibilidad de sustraer.  Robarse los recursos del Estado, en la concepción política de las cúpulas de los partidos del sistema, es algo normal porque se acepta, en su ideología, como un pago, una retribución por la labor politiquera que hizo o hace el politiquero llamado servidor público.

Lo que pinta el mundo político dominicano hoy, partiendo de como desarrollan sus actividades los principales cuadros que accionan desde la dirección central de los partidos tradicionales, es que para el pueblo, las masas populares obtener conquistas reales en el orden económico y social, se tienen que liberar del dominio político que ejercen las cúpulas dirigenciales.  Hasta ahora en nuestro país los que son los más no  han sido más que figuras decorativas porque las decisiones políticas fundamentales se toman y quedan en manos de una minoría dirigencial en su gran mayoría corrupta.

El clientelismo político se ha desarrollado tanto en nuestro país que hombres y mujeres que en un pasado reciente mantuvieron una posición honesta, decente y de respeto, se han convertido en personas sin dignidad ni orgullo personal, por el simple hecho de haber decidido cambiar de comportamiento, de actitud ante la vida.

Todo parece indicar que la desesperación, como es mala consejera, impulsa a muchos dominicanos y dominicanas a cambiar de conducta , y es la razón por la cual algunos de los politiqueros de hoy, a quienes ayer la corrupción les repugnaba, ahora la han abrazado con mucho calor hasta llegar hacerla norma de su vida delincuencial y política. 

El dinero, como es la mercancía más apreciada en el sistema bajo el cual estamos viviendo en nuestro país hoy, pone flojo, liviano, ligero, a muchos que decían estar hechos de un material que resistía todas las tentaciones.  Para el corrupto  no es difícil ser un político anodino, superficial, insignificante y fácil de manejar como hombre o mujer del sistema.   

El Nacional

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