1.-En Nicaragua, el detonante de la crisis actual fue la incorporación de los trabajadores informales y empleados de Zona Franca, al sistema de pensiones y salud, y el aumento de la contribución de las patronales en un 3.5% a los fondos de pensiones; así como la de los trabajadores en un 0.75%, y la transferencia de un cinco por ciento del efectivo de los aportes pensionistas a su fondo de asistencia médica, en contrapuesta a la propuesta del FMI y su intento de aumentar la edad de retiro y horas de trabajo, como medidas de “austeridad”.
2.-En este proceso el gobierno de Ortega cometió el gravísimo error de no consultar las bases Sandinistas, una tendencia que se viene agravando con su costumbre de sellar “pactos tácticos” con enemigos históricos de la Revolución, como la prohibición total del aborto (lo cual le ganó al Sandinismo el rechazo universal del movimiento de mujeres), lo que deja abiertas las puertas para que sus contrarios desinformen, o manipulen la población.
3.-Estos errores se remontan a los inicios de su gobierno, cuando Rosario Murillo, haciendo gala de las tradiciones pequeño burgueses de la rebatiña por la proyección social, se embarcó en una absurda confrontación con el poeta Ernesto Cardenal por la hegemonía cultural del país, no entendiendo que ni como poeta ni como revolucionaria se acercaba a la estatura mundial del poeta, algo que Oscar Hungría, Xiomara Fortuna y yo, tuvimos que soportar durante nuestra primera visita a Nicaragua.
4.-El escándalo, explotado mundialmente por la derecha, con la hija de Rosario y su acusación de Daniel de acoso sexual, terminó de enlodar la imagen no solo de Daniel sino de Rosario, no ya con los sectores conservadores sino con la izquierda a nivel mundial. Tanto Lulú Contreras como yo, al igual que otras feministas, salimos del salón cuando le tocó a Daniel discursear en un evento de la Red de Intelectuales por la Defensa de la Humanidad.
5.-Empero, Atilio Boron, el más reputado analista político de América Latina, alerta a los progresistas que se han hecho y hacen eco del llamado a la destitución de Daniel Ortega, sobre los baños de sangre que precedieron la destitución de Zelaya en Honduras; de Lugo en Paraguay; en Venezuela después del golpe de Carmona el breve; ahora en Brasil, y el lento genocidio de los pobres en la Argentina de Macri.
6.-“La Revolución es una niña en un bote y el timonel del gobierno revolucionario se puede equivocar, porque no hay obra humana a salvo del error. No muy lejos se divisa la ominosa silueta de una nave de guerra de USA. ¿Cómo salvar a la niña?” He ahí la cuestión.

