Nicolás Cristóbal Guillén Batista (Nicolás Guillén) nació en Camagüey, Cuba el 10 de julio de 1902 y murió en La Habana el 16 de julio de 1989 fue ante todo un poeta pero esta definición tan genérica no le haría justicia porque sin lugar a dudas fue mucho más que un poeta cubano, o mucho más que un poeta cubano más.
Guillén fue junto con José Martí el poeta cubano por antonomasia.
Su producción poética gira alrededor de dos grandes temas: la exaltación del negro y la situación social.
Gracias al valor intrínseco de su obra, así como al de la de Emilio Ballagas y Luis Palés Matos, los problemas de la raza negra han adquirido relieve y categoría dentro del ámbito de la literatura de la lengua española.
En Guillén esos temas cobran aliento superior. Junto a composiciones que imitan el ritmo de las danzas negras están las de intención social, en las que se mezcla una especie de mesianismo racial.
Su militancia comunista, que data de 1937, le valió prisiones y persecuciones. En 1954 fue galardonado con el Premio Lenin de la Paz.
Al advenimiento del régimen revolucionario de 1959, fue uno de sus más destacados defensores. Tras la Revolución compuso poemarios como Tengo, y El diario que a diario.
En 1961 fue elegido presidente de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba.
Muchos de sus poemas han sido musicalizados por artistas como Quilapayún, Paco Ibáñez, Inti Illimani y Xulio Formoso quien grabó en el año 1975 un álbum enteramente dedicado a su obra titulado Guillén el del son entero.
De que callada manera…
¡De que callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera la primavera!
¡Yo, muriendo!
Y de que modo sutil
me derramo en la camisa todas las flores de abril
¿Quién le dijo que yo era risa siempre, nunca llanto,
como si fuera
la primavera?
¡No soy tanto!
En cambio, ¡Qué espiritual que usted me brinde una rosa de su rosal principal!
De que callada manera
se me adentra usted sonriendo, como si fuera la primavera
¡Yo, muriendo!
Sudor y látigo
Látigo,
sudor y látigo.
El sol despertó temprano y encontró al negro descalzo,
desnudo el cuerpo llagado, sobre el campo.
Látigo,
sudor y látigo.
El viento pasó gritando:
– ¡Qué flor negra en cada mano!
La sangre le dijo: ¡vamos!
Él dijo a la sangre: ¡vamos!
Partió en su sangre, descalzo.
El cañaveral, temblando,
le abrió paso.
Después, el cielo callado, y bajo el cielo, el esclavo tinto en la sangre del amo.
Látigo,
sudor y látigo,
tinto en la sangre del amo;
látigo,
sudor y látigo;
tinto en la sangre del amo,
tinto en la sangre del amo.
Los fieles amantes
Noche mucho más noche; el amor ya es un hecho.
Feliz nivel de paz extiende el sueño como una perfección todavía amorosa.
Bulto adorable, lejos ya, se adormece,
y a su candor en la isla se abandona, animal por ahí, latente.
¡Qué diario infinito sobre el lecho
de una pasión: costumbre rodeada de arcano!
¡Oh noche, más oscura en nuestros brazos!
Madrigal
Tu vientre sabe más que tu cabeza
y tanto como tus muslos.
Esa
es la fuerte gracia negra
de tu cuerpo desnudo.
Signo de selva el tuyo,
con tus collares rojos,
tus brazaletes de oro curvo,
y ese caimán oscuro
nadando en el Zambeze de tus ojos.
Mariposa
Quisiera
hacer un verso que tuviera
ritmo de Primavera;
que fuera
como una fina mariposa rara,
como una mariposa que volara
sobre tu vida, y cándida y ligera
revolara
sobre tu cuerpo cálido de cálida palmera
y al fin su vuelo absurdo reposara
–tal como en una roca azul de la pradera–
sobre la linda rosa de tu cara…
Quisiera
hacer un verso que tuviera
toda la fragancia de la Primavera
y que cual una mariposa rara
revolara
sobre tu vida, sobre tu cuerpo, sobre tu cara.
Mujer nueva
Con el círculo ecuatorial
ceñido a la cintura como a un pequeño mundo
la negra, mujer nueva,
avanza en su ligera bata de serpiente.
Coronada de palmas,
como una diosa recién llegada,
ella trae la palabra inédita,
el anca fuerte,
la voz, el diente, la mañana y el salto.
Chorro de sangre joven
bajo un pedazo de piel fresca,
y el pie incansable
para la pista profunda del tambor.

