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A finales de abril del 2005, recibí una comunicación del poeta Basilio Belliard en donde me informaba que la doctora Nina Bruni, una prestigiosa crítica y catedrática argentina [que había escrito un ensayo sobre mi novela El Personero], visitaría el país para asistir a un congreso de literatura y deseaba conocerme. Solicité a Belliard que le facilitara mi correo electrónico para acordar una cita, y días después recibí un caluroso saludo de Nina Bruni, comunicándome que podríamos reunirnos tras su arribo al país. Luego de aquella entrevista —que celebramos en una librería de la avenida Abraham Lincoln— he cimentado con Nina una hermosa amistad y nuestros correos han sido testigo de ello.
La primera carta de Nina
San Agustín, Trinidad & Tobago, Mayo del 2005. Estimado Efraim: Aunque deba sacrificar la tradicional carta de amistad escrita de puño y letra por la velocidad de la comunicación, me resisto a destruirla del todo. Por tal motivo, encontrarás adjunta una carta cuya letra cursiva (inauténtica) intenta emular aquel viejo y añorado compás que la mano marca al pensamiento.
Los otros archivos adjuntos te los explico en esta especie de misiva luchando entre la caligrafía y la técnica.
Mucho quiero agradecerte todas las finezas recibidas durante mi breve estancia en Santo Domingo. Las tertulias y el paseo por diferentes puntos de la ciudad alentaron mi curiosidad intelectual, que, afortunadamente, inicia una amistad.
Estuve reflexionando sobre los tópicos tan abigarrados (en el sentido de barrocos y profundos) de nuestra conversación que aún rondan por mi cabeza, que mi escritura está al borde de la metáfora o que verbalizaste ideas en sombras o la influencia de la imagen en tu escritura o el gran descubrimiento de que mi estilo ¡es minimal! Todo muestra de sinceridad y de un deseo de comunicación diferente.
Una sugerencia: pensá en el alma de ese personero, porque aún tiene mucho que ofrecer un hombre de pasiones tan encontradas… Creo que es un personaje para enamorarse de él. Una promesa: intentaré practicar una escritura más literaria.
Cierto es, además, que la experimentación epidérmica (en el sentido más lato de la palabra) del mundillo literario y crítico es digna de un breve cuentito grotesco.
¡Juro que lo intentaré! Grandes críticas feministas que a la vuelta de la esquina y cuando la oportunidad lo requiere se sientan en las sombras de una terraza festiva para ocultar su voracidad y su agresión contra un diminuto e inocente pollito que muere otra vez en sus mandíbulas (ni pensar en el resto de su recorrido por el interior de tan famosa figura).
¡Eso sí! Cuando llegó el momento de las mutuas presentaciones y de la discusión intelectual… mmmmm… una mirada de soslayo lo dijo todo. El único consuelo es haberme vacunado ya contra el criticismo de estos personajes caricaturescos. Lo que te decía el otro día: tomar conciencia de lo que no quiero ser cobra suma importancia una vez en contacto con la farándula de la intelligentsia…

