Opinión

Niños y limosnas

Niños y limosnas

La cantidad de personas, y sobre todo niños, que piden en las calles ya está llegando a niveles insoportables. Una buena parte no son dominicanos, algunos ya son adultos en pleno uso de sus facultades físicas y mentales, pero todos, absolutamente todos, son necios y francamente irritantes. No por otra cosa me animaría a repetir este tema que ya traté hace algunos años.

Entiendo perfectamente el sentimiento, “le di algunas monedas a ese pobre niño, el podrá comer hoy gracias a mí, yo voy al cielo… mírenme dando limosnas, miren que bueno soy”, y seguramente esa sensación calientita por dentro de quien cree está haciendo algo incuestionablemente correcto, “seguro hago la diferencia en la vida de ese pobre muchachito.”

Mientras usted sigue cogiendo aires para satisfacer su muy egoísta sentimiento de auto-superación, ese niño que recibe su dinero está viendo aumentar la rentabilidad de quedarse en la calle, y cada peso que recibe es una razón menos para que él o sus padres entiendan que debe dedicarse a estudiar, a hacer tareas o a  la vida normal de un niño. Usted le está financiando una próspera carrera viviendo de lo que le den.

Estoy totalmente seguro que si por tres días consecutivos éstos no recibieran ni un solo centavo en limosnas, ahí mismo cerrarían el negocio de pedir en las calles. Son necesitados pero no suicidas, y seguro buscan otra opción.

Lo peor, o quizás irónico, es que muchos de ésos que empezaron poniendo la cara de cachorro abandonado frente a los vidrios de sus vehículos o limpiando sus vidrios y zapatos, luego terminan buscando otro negocio mucho más lucrativo dentro de la calle, la delincuencia. Y lo hacen porque sólo conocen eso,  han vivido de la calle, es lo que mejor saben hacer y por encima, usted le ha demostrado que es un negocio lucrativo con cada peso que le dio para satisfacer su propio ego.

 ¡Oh! Pero curiosamente, como para que nada altere su sentimiento de “dadivoso y buena gente”, usted va a culpar al Gobierno de no hacer nada por ellos, comenta con cara de pena que “el Gobierno tiene que sacarlos de la calle y ayudarlos”. O sea, usted les da la razón para estar ahí y les financia su estadía en la calle, pero al mismo tiempo entiende que alguien los tiene que sacar, por lo que usted no lava ni presta la batea.    

No sé si lo penoso (o lo irónico) sea que en el futuro, ese niño a quien usted le pasó unas monedas sea el mismo que brinque de un negocio de la calle como pedir, a otro negocio de la calle como asaltar, y efectivamente le saque a usted por la fuerza más de lo que usted pensaba darle por las buenas.

Pero seguro usted culpa al Código Procesal Penal, al Código del Menor, a los jueces o al flojo Gobierno, nunca usted va a considerar que esas monedas que usted dio ayer para mantenerlo en la calle son la razón por la que hoy le asalta. Dudo que su ego se lo permita. Después de todo… lo bueno viene de Dios y ¿lo malo del Diablo?

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación