El hecho de que en el país se gaste 33 veces más en atender embarazos de adolescentes que en prevenirlos no es más que la reiteración de la falta de políticas eficaces para controlar problemas demográficos y otros males sociales.
Los ejemplos abundan por montones. En lugar de programas para prevenir la delincuencia, que es uno de los principales males que azotan a la población, se invierte una fortuna para reprimirla.
La misma asistencia sanitaria resulta tan costosa precisamente porque no se invierte para prevenir las enfermedades, sino para curarlas.
De implementarse programas reales para prevenir los embarazos, no virtuales ni mediáticos, el Gobierno, como admitió la viceministra de Salud Colectiva, Mercedes Rodríguez, se ahorraría no solo una buena suma de dinero, sino que contribuiría a reducir el problema.
El caso de los embarazos de adolescentes representa un toque de atención sobre la necesidad de tomar más en cuenta la prevención.

