Lo que debió ser un amplio espacio de diálogo en procura de solución al reclamo de aumento salarial a los médicos, ha devenido en otro escenario de intransigencia que conduce a ninguna parte.
El Colegio Médico y la Secretaría de Salud aceptaron la mediación de monseñor Agripino Núñez Collado, a los fines de identificar fórmulas que aseguren incremento de sueldos a galenos y garantía de un servicio hospitalario de mayor calidad.
Esa gestión dialogante ha quedado trabada por la previa condición impuesta por el gremio profesional de que sean reintegrados un grupo de médicos y enfermeras cancelados por supuestamente agredir al director del hospital Francisco Moscoso Puello.
El presidente del Colegio Médico, doctor Waldo Ariel Suero, ha advertido que no habrá diálogo a menos que las autoridades revoquen esos despidos, en tanto el secretario de Salud, doctor Bautista Rojas Gómez, define como muy grave la falta que se atribuye a los cesanteados.
Fotos y vídeos recogen el momento cuando participantes en una huelga médica agreden al director del Moscoso Puello, doctor Roberto Lafontaine, lo que supone una falta grave que conlleva al menos algún tipo de sanción disciplinaria.
Es una pena que el Colegio Médico desperdicie tan oportuno escenario dialogante, avalado por el Gobierno y la sociedad, por una exigencia que bien podría encaminarla a la par con el reclamo mayor de aumento salarial.
No se trata de recoger soldados heridos, como ha dicho el doctor Suero, al referirse a los médicos cancelados, sino de exigir en primer término que se inserte en el Presupuesto del 2010, que ya se prepara, un justo incremento de sueldos en favor de médicos y personal paramédico.
No parece razonable que se congele esa gestión de diálogo para exigir simple reposición de personal médico acusado de agredir al director de un hospital, aunque se acepta que la sanción pudo ser menor.
En esa mesa dialogante, el Colegio Médico está compelido a negociar un aumento salarial para sus afiliados, sin incurrir en más necedades.

