Los casos del secuestro de Eduardo Baldera Gómez y de la muerte de dos de los supuestos raptores ingresan desde hoy por senderos de racionalidad y esclarecimiento con el anuncio de que una comisión de alto nivel de la Procuradoría General de la República investigará ambos sucesos.
Esa comisión investigadora la encabeza el procurador adjunto Ramón Arístides Madera y la integran además, el mayor general Vinicio Hernández Méndez y la teniente coronel Francia Hernández Pérez.
Se resalta que ese equipo de investigación fue conformado por el procurador general, Radhamés Jiménez, a solicitud del jefe de la Policía, mayor general Rafael Guillermo Guzmán Fermín, mediante memorándum 29981, del 12 de este mes.
La ciudadanía ha sido abrumada por un largo rosario de conjeturas, algunas diseñadas o difundidas de mala fe, sobre ese secuestro, así como por datos marginales que colisionan con los detalles ofrecidos por la Policía en torno a la muerte a balazos de Cecilio Díaz y William Checo Batista, alegados participantes en el rapto de Baldera Gómez, quien dice pudo escapar de sus captores.
No será fácil para la Policía poder probar su versión de que Díaz y Checo Batista fueron abatidos durante un intercambio de disparos, frente a alegados relatos de que esas personas fueron entregadas vivas a las autoridades por personal de la Marina y por un alcalde pedáneo.
Menos difícil sería despejar incógnitas sobre el secuestro de Baldera Gómez, toda vez que ese hecho, que muchos consideran un montaje, en nada beneficia a intereses o credibilidad de la institución.
Es por eso que se atribuye importancia excepcional a la investigación iniciada por el Ministerio Público, porque ayudará a desbrozar malezas de dudas sobre sucesos que agobian y consternan a la población.
No parece justo, sin embargo, que en base a elucubraciones se pretenda revertir los roles que en estos sucesos asumieron delincuentes y autoridades. Se aconseja esperar los resultados de esa bien recibida investigación.
