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No todo gira a tu alrededor

No todo gira a tu alrededor

Orlando Jorge Villegas

Vivimos en una época donde el egoísmo ha dejado de ser un rasgo individual para convertirse en un fenómeno social cada vez más extendido. Lo preocupante no es solo su presencia, sino su normalización. Hoy vemos cómo muchas personas —desde líderes políticos y figuras públicas hasta individuos en nuestra vida cotidiana— actúan bajo la premisa de que todo gira en torno a ellos, ignorando sistemáticamente las perspectivas, necesidades y emociones de los demás.

Este comportamiento no distingue estatus ni profesión. Se manifiesta en quienes toman decisiones de alto impacto, pero también en conversaciones comunes, en debates entre amigos o colegas, e incluso en discusiones familiares. El denominador común es la incapacidad de reconocer que el otro también tiene una voz válida, una experiencia distinta y, sobre todo, un derecho legítimo a ser escuchado.

Una de las expresiones más claras de este fenómeno es la pérdida de la capacidad de escuchar. Escuchar de verdad, no solo esperar el turno para hablar. Quienes creen que todo gira a su alrededor se convierten en cajas de resonancia de sus propios pensamientos, repiten lo mismo una y otra vez, sin abrir espacio a la duda ni a la reflexión. En muchos casos, este patrón se acompaña de un complejo de superioridad, donde el desacuerdo ajeno se interpreta como una amenaza o un error que debe ser corregido.

En el caso de quienes ocupan posiciones de liderazgo público o privado, la situación se agrava. En sus manos descansan decisiones que afectan a equipos de trabajo, instituciones y comunidades enteras. Cuando un líder pierde la capacidad de escuchar, también pierde la prudencia, la empatía y la sensibilidad humana necesarias para guiar con criterio y responsabilidad.

Ojalá quienes creen que todo gira a su alrededor no pierdan lo más importante: personas cercanas capaces de decir la verdad, aunque duela, y de romper esa caja de resonancia que distorsiona la realidad y los demás. Solo así podrán reconectar con una sociedad que exige empatía, respeto y la capacidad de entender que no todo gira a su alrededor.

Esta reflexión no busca condenar sino advertir sobre un deterioro que afecta la convivencia democrática y la calidad del debate público. Sin escucha no hay diálogo real, y sin diálogo se imponen visiones únicas que empobrecen las decisiones colectivas. Recuperar la humildad de escuchar es un acto urgente y necesario. Implica reconocer que siempre hay algo que aprender del otro, incluso cuando pensamos que estamos en lo correcto. Nos devuelve humanidad y nos aleja del espejismo de creernos el centro del mundo.

Orlando Jorge Villegas
orlandosjv@gmail.com

El Nacional

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