La Conferencia del Episcopado Dominicano (CED) elevó un enérgico llamado de atención ante el agravamiento de múltiples problemáticas sociales que, a su juicio, ponen en riesgo la estabilidad y el futuro de la nación.
En su más reciente mensaje pastoral, los obispos reprocharon el auge del microtráfico de drogas, el maltrato infantil, el embarazo en adolescentes, la violencia y la mortalidad infantil, así como los persistentes niveles de corrupción e impunidad que, advierten, erosionan la confianza ciudadana y debilitan el tejido social.
La jerarquía católica también expresó preocupación por lo que calificó como una creciente deshumanización en el ejercicio de la medicina, el aumento de la inseguridad y la explotación indiscriminada de los recursos naturales; fenómenos que consideran señales de alerta sobre el rumbo del país. Frente a este panorama, el Episcopado invitó a la sociedad dominicana a “peregrinar con esperanza”, promoviendo la unidad nacional para revertir estas realidades adversas.
Los prelados hicieron un firme llamado a respetar las leyes y fortalecer el Estado de derecho, subrayando que la violación de las normas y el desacato a la autoridad socavan la convivencia pacífica. En ese sentido, propusieron impulsar una formación ciudadana básica que fomente la conciencia legal, la responsabilidad cívica y una sólida cultura de legalidad.
En materia educativa, la CED insistió en la urgencia de garantizar una formación integral sustentada en valores éticos y morales, exhortando tanto a organismos gubernamentales como a instituciones vinculadas al sector a velar para que los contenidos pedagógicos tengan estos principios como eje transversal. Asimismo, destacaron el valor del testimonio de vida como herramienta formativa.
El documento también advierte sobre riesgos culturales y tecnológicos que podrían afectar la dignidad humana, al tiempo que recalca que la tecnología debe estar siempre al servicio del bien común y de relaciones auténticamente humanas.
La Iglesia exhortó, además, a los dominicanos a asumir una participación activa y consciente en la vida pública, inspirada en la justicia social y la defensa de los sectores más vulnerables.
“No estamos condenados a la desesperanza: Dios camina con nuestra nación y siembra en el corazón de nuestra gente la fuerza para construir un futuro más justo, fraterno y solidario”, afirmaron.

