Todos Somos Iguales, Paúl Zinder (y que en realidad se llama El Efecto de los Rayos Gamma sobre las Margaritas), adaptando el guión a partir de la novela galardonada por el Premio Pulitzer plantea, mediante un discurso de personajes femeninos de distintas generaciones, la validez del amor cuando terminan el discrimen y las etiquetas.
Actuaciones
En este montaje, que se presenta estos dos fines de semana en Sala Ravelo, del Teatro Nacional bajo la dirección de Bienvenido Miranda, se disfruta de un cuarteto de interpretaciones que desde caracterizaciones distintas, dan la idea de los buenos caminos del teatro actual.
Amarilis Rodríguez, (Beatrice Clark), hace de esa madre opresiva y castradora, dominante, insidiosa y prejuiciada tanto frente a la vejez como a la juventud. Se entrega a una interpretación fuerte que edulcora con parlamentos en tonos de humor negro. El acento que imprime al personaje habla de la capacidad de una carrera que aun no ha sido reconocida en su país.
Kariña Ubiñas hace a Nanny, una anciana que no pronuncia una sola palabra, apelando sólo a la gestualidad, al movimiento enlentecido, a la viva expresión de su rostro. Está simplemente adorable. Es un talento que se deja ver en escena poquísimas veces (tres, que recordemos), La dulzura y la ironía que deja expresar desde sus silencios, es algo digno como para volver a verla una y otra vez.
Olga Valdez (Matilda, Tillie) conquista el corazón del público por la sincera candidez de sus sentimientos, y que a fuerza expresiva, se transforma en el mejor hijo conductual de toda la trama, portando ese cariz de inocencia y esa óptica casi infantil que se transforma en guía de buena convivencia.
Yamilka Román (Ruth), el suyo es uno de los personajes de mayor dificultar para interpretar. Esa personalidad alocada, de hablar precipitado, de gestos rápidos, de gritos e imprecaciones.
Hace 40 años
Esta obra fue seleccionada para el programa de apertura del Teatro Nacional, hace 40 años, en el Festival de Apertura en 1973, dirigida por entonces Niní Germán, con las actuaciones de la mexicana Carmen Montejo e Ilka Tanya Payán, de Áurea Juliao.
Un acierto
El auspicio de esta pieza por parte del Centro Franklin, de la embajada norteamericana, debía servir a otras delegaciones diplomáticas para apoyar montajes basados en sus mejores obras literarias.
La embajada norteamericana tiene un programa cultural de auspicio a obras originarias de sus escritores y escritoras, para respaldar montajes locales.
