No es que uno se alegre, pero son muchos los obstáculos para que el presidente Leonel Fernández trate de reelegirse, como desean muchos funcionarios y allegados suyos.
En primer lugar, voces muy autorizadas de la Iglesia Católica y otras fuerzas vivas de la Nación han dicho que sería un retroceso modificar la Constitución, fruto de un consenso nacional auspiciado por el propio Fernández, con el respaldo, mediante pacto de uno de los principales dirigentes de la oposición, el ingeniero Miguel Vargas.
En segundo lugar, el empresariado, a través del influyente Consejo Nacional de la Empresa Privada coincide con la iglesia y sugiere que hay que dejar como está la Constitución, que prohíbe la reelección por dos periodos consecutivos.
Finalmente, al gobernante Partido de la Liberación Dominicana (PLD) se le haría muy difícil reunir las dos terceras partes de la Asamblea Nacional para modificar la Carta Magna, puesto que en la matrícula del Congreso existen numerosos partidarios del licenciado Danilo Medina, quien trabaja sostenidamente para lograr la candidatura presidencial.
Sin embargo, la experiencia indica que estos obstáculos a menudo pueden ser superados, como lo hizo en su momento Hipólito Mejía, cuando antes de terminar su mandato modificó la Constitución porque le había cogido gusto al carguito.
Las reuniones a nivel nacional que auspicia el Presidente con líderes del PLD de la base, deben verse con un esfuerzo para controlar fuerzas bajo su liderazgo, que coincidencialmente son las que elegirán el candidato presidencial. Si esto es así, todo está dirigido para contrarrestar las fuerzas de Danilo Medina.
Se ha demostrado que la reelección crea un entorno perjudicial. En la historia, el intento reeleccionista de Horacio Vásquez, dio paso a Trujillo y fueron nefastos los sucesivos de Joaquín Balaguer, quien incluso apeló a fraudes electorales.
Si queremos consolidar el proceso democrático, incluso a lo interno de los partidos, hay que dar paso a los relevos con programas acorde a los nuevos tiempos.

