Opinión

¡Oh! Gran América

¡Oh! Gran América

        Hay motivos suficientes para estar orgulloso de haber nacido en el continente americano. Después de todo, de esta tierra originalmente poblada por criminales, analfabetos y esclavos, es que nace el fundamento del mundo moderno que hoy conocemos.

La democracia dio su primer gran brinco en este continente. Un ciudadano elegido por sus vecinos para dirigir el destino de un país o hacer leyes en su nombre, en un gobierno que nace por la voluntad del pueblo. En estas tierras murió el término “Su Majestad” y nació el “Señor Presidente”. Cosas que tomamos por sentado hoy en día, pero que implicaron un cambio dramático en el contexto que nacieron y en la forma en como se ejecutaron.

Este continente vio un país de esclavos levantarse, y como pueblo tras pueblo luchó contra los ejércitos más fuertes de la época, todo por los principios fundamentales de libertad y la autodeterminación.

Fue en América donde por primera vez cada individuo se sintió libre de vivir su propia vida y forjar su propio destino, sin estar atado al vientre que le vio nacer y a las herencias de virtudes o desdichas. Y en ese mismo tenor, de América eran los representantes de naciones que levantaron desde la “plebe” para hablar de tú a tú con reyes y nobles europeos.

Se forjó sobre la base de la libertad y el desarrollo individual, el no abuso de la autoridad, la eliminación de los privilegios, la representatividad y la participación como principio fundamental del Estado, y el total repudio a las figuras y poses monárquicas autoritarias.

Con el tiempo, sin embargo, la otrora Gran América se ha degenerado en una lapidación de libertades, naciones que han cedido sus libertades a cambio de limosnas estatales, la creación de liderazgos mesiánicos que actúan como verdaderos monarcas del Siglo XVIII, el sacrificio del logro personal a cambio de los logros “sociales”, etc.

Ya los barcos llenos de inmigrantes europeos no vienen a América, ya las historias de triunfadores anónimos de la vida cedieron paso a las últimas dádivas del Estado, ya se colectivizó el “progreso”. Hoy América involuciona a aquello que siempre repudió, a la antítesis de lo que le vio nacer.

Realmente pudiste ser grande América, la tierra de la libertad, la tierra de los individuos libres y no de monarcas. Ya nadie llora de alegría su llegada a la Gran América, ya no eres la tierra de los emprendedores, ya nadie te llama “el nuevo mundo”.

En algún momento de la historia el Nuevo Mundo olvidó precisamente aquello que le hacía nuevo. Oh gran América, realmente pudiste ser grande y cambiar el mundo, pero en un punto, y no sé en cual, cambiaste el rumbo.

El Nacional

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