Opinión

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Hugo Tolentino Dipp

 

Carta a Ray Guevara

Señor Milton Ray Guevara

Presidente del Tribunal Constitucional

Santo Domingo,

República Dominicana

 

Señor Presidente del Tribunal Constitucional:

Ha sido hoy en la mañana, a mi regreso del interior del país, cuando he podido advertir que Usted me había enviado un libro de su autoría. Le acompañaba una carta en la que en su segundo y penúltimo párrafo, expresa: “Esperando reciba este ejemplar a modo de profundo agradecimiento por permitirme contar con su respeto y amistad”

Debo confesarle que de ser otras las circunstancias actuales hubiese valorado esas palabras como manifestaciones sinceras. Le confieso asimismo, que ese recelo no pudo menos que acrecentarse tras ojear las páginas de su libro. Dos artículos publicados por Usted en el pasado e incluidos en el texto, atrajeron mi atención: el primero se titula “Peña Gómez” y el segundo “Panteón de la Patria Peña Gómez y Bosch”. En ellos y en orden sucesivo Usted escribe estas elogiosas frases: “…en la iglesia de Santa Bárbara de Samaná, sin disimular la emoción elevé, junto a mis compañeros Perredeístas, una vibrante oración por un dominicano inmortal: José Francisco Peña Gómez”. En el siguiente, Usted propone: “En el caso nuestro, José Francisco Peña Gómez, maestro, jurista, líder político, visionario, demócrata permanente, líder de masas, internacionalista, solidario y combativo, amoroso del fortalecimiento institucional debe reposar en nuestro Panteón”.

Tengo la impresión de que esos enaltecimientos a José Francisco Peña Gómez, a ese “dominicano inmortal” no pueden reflejar la realidad actual de sus sentimientos. Y esto así, porque esa realidad nos dice que su libro merece un colofón, el cual, tratándose de José Francisco Peña Gómez y adaptado el género, no puede ser otro sino la frase central de la sentencia del Tribunal Constitucional apadrinada por su principalía como juez presidente de esa Corte: “…si bien nació en el territorio nacional, es hija (léase “hijo”) de ciudadanos extranjeros en tránsito, lo cual la (léase “lo”) priva del derecho al otorgamiento de la nacionalidad dominicana”.

Su carta y su libro no me son gratos, de allí que tenga a bien enviárselos de vuelta.

El Nacional