Trump introdujo otra visión del ejercicio de la hegemonía norteamericana. Desde su campaña en 2016, sostuvo que USA no debía actuar como el policía del mundo gratuitamente, condicionando su protección al pago por parte de los aliados. Su postura rechazaba el intervencionismo tradicional, justificándola solo si existiera un beneficio claro y bajo la premisa de mejorar la situación del país involucrado, no de empeorarla.
Citaba con frecuencia los casos de Irak y Libia como ejemplos de intromisiones fracasadas. La acción militar dejó a esas naciones convertidas en la misma imagen de los bombardeos. Actualmente, ambos son Estados fallidos, anónimos e incapaces de recuperar el bienestar previo a los conflictos. También, mantenía la polémica postura de que USA debió asumir el control de sus recursos petroleros para recuperar los costos de esas guerras.
La sorpresa es la exclusión de María Corina Machado
En este segundo mandato, su estrategia hacia Ucrania confirma esa línea de actuación transaccional. Por un lado, ha obligado a Europa a asumir una mayor carga financiera del conflicto. Por otro, condicionó el apoyo a Kiev a la firma de un convenio mediante el cual le otorga a USA un acceso preferencial a la extracción y comercialización de sus tierras raras.
Desplazando a Rusia del mercado energético europeo, Biden le consolidó una meta planteada desde su primer periodo.
Bajo ese peculiar estilo geopolítico, el interés por el petróleo de Venezuela era previsible. La verdadera sorpresa ha sido la exclusión de María Corina Machado del tablero. Esto abre una interrogante crítica sobre la legitimidad del discurso previo: Si el argumento actual es que la señora Machado no cuenta con el respaldo popular, queda en entredicho la denuncia de fraude masivo sostenida tras las elecciones presidenciales.
Por: Jose Cafe
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