La convención de este domingo, matizada por la disputa por la secretaría general, está entre las más importantes de las pruebas que ha debido afrontar el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) en su proceso de renovación y fortalecimiento institucional.
La mayor expectativa se ha creado en torno al pugilato entre el doctor Guido Gómez Mazara y el licenciado Orlando Jorge Mera por la secretaría general. Pero en un partido en que la disciplina y el orden han brillado por su ausencia esos elementos también juegan un papel clave en los resultados de un evento que se define plebiscitario.
Bajo la presidencia del ingeniero Miguel Vargas Maldonado, el PRD ha tenido que aprender de los errores que han contribuido tanto a desalojarlo del poder como a mermar su hegemonía política. No es el mismo y para volver a serlo tiene que salir airoso de desafíos como el que enfrenta hoy.
Como nuevo líder del PRD, Vargas Maldonado ha garantizado una convención transparente, justa y confiable. En otras palabras: el que ganó, ganó. Y así tiene que ser, pues la libertad de elección forma parte de los cimientos del sistema democrático.
Pero además el entusiasmo que han puesto los perredeístas en un proceso que ha dinamizado sus estructuras internas, convirtiéndose en evento de interés nacional, no debería ser cercenado por acuerdos ni maniobras de ninguna índole.
El interés puede apreciarse en la ofensiva propagandística desplegada tanto por los contendientes para la estratégica secretaria general como para los más de 3,700 cargos electivos que según la comisión organizadora se disputarán en el proceso.
Por esa tradición de conflicto que ha caracterizado sus procesos internos, el PRD necesita salir bien parado de la convención de hoy. Cualquier inconveniente no sólo lo marcará aún más, sino que lo distraerá de la elección de los candidatos para las votaciones congresuales y municipales de mayo próximo. Hasta ahora parece que todas las condiciones están dadas para que el jacho brille.

