Opinión

¿Otro diálogo?

¿Otro diálogo?

         El presidente  Leonel Fernández siempre ha mostrado gran debilidad por los foros nacionales e internacionales, las cumbres y las conferencias magistrales, donde pueda exhibir su retórica, pavonearse y recibir elogios interesados de una red de comunicadores en toda la geografía nacional.

           De hecho el gobierno tiene un gabinete de comunicaciones  con un presupuesto multimillonario, un edificio de varios niveles y centenares de comunicadores en la nómina pública. Ahí se determina a quién se le concede o no publicidad gubernamental y se les baja línea a los productores de programas  sobre los temas que deben de abordar.

          No es casual que se esté resaltando la iniciativa de una cumbre del jefe de Estado para el 28, su carácter democrático, la supuesta necesidad de “que nos unamos todos en torno al gobierno” en la búsqueda de soluciones a los grandes problemas que afectan al país,  producto de la crisis mundial.

          Y no se conforman con aplaudir al  patriota  Fernández  (que no duerme pensando en los problemas nacionales) sino que proceden a denostar con adjetivos rastreros a quienes desaprueban la cumbre, sólo porque consideran que el mandatario es un hombre capaz, optimista, que tiene su programa y un excelente equipo económico.

           No hay que dialogar nada, el presidente sencillamente lo que tiene es que sentarse a gobernar y solucionar los problemas.

          Aquí se construyó un Metro comprando los vagones más caros del mundo, y el presidente Fernández anunció una segunda línea, por lo que se colige que  es su prioridad, y no veo necesidad de analizar nada respecto a la energía eléctrica, salud, educación, vivienda, agua potable, seguridad social y delincuencia. Con esa cumbre se pierde tiempo y se distrae a la población.

          Distraer la atención posiblemente sea el objeto principal del presidente, pero siempre encontrará coro de politiqueros baratos que acudirán a tomar turno, cuyas palabras practicarían previamente en su casa, saludando a Leonel por su iniciativa de convocar a las fuerzas vivas de la nación para consensuar sobre la problemática nacional y mundial.

          Se trata de la misma gente que en la pasada campaña fue  descalificada para conceptualizar, pero al desmemoriado nada le importa y hay que “ponerse donde el capitán lo vea”, “pasando papelitos con disimulo”, donde piden embajadas y asesorías con rango de secretario de Estado. Otros, con la ayuda de monseñor Agripino, irían donde el mandatario a decirle “Excelencia, ¿puede concederme un aparte de 2 minutos?” Así le expresan su admiración, dicen abogar por la gobernabilidad y finalmente manifiestan su disposición de “sacrificio de ocupar una teta” en el Estado.

           Más que cumbre, es una chercha que conllevaría una inversión mayor al famoso “Diálogo Nacional” que se hizo en el primer gobierno, del cual nunca se dijo la cantidad de dinero gastado ni se dieron a conocer las conclusiones.

         ¿Para qué otra cumbre o diálogo? ¡Que tomen las conclusiones del primero, que los problemas son los mismos, con la diferencia de que se han agravado!       

El Nacional

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