En deportes como el béisbol y baloncesto, los equipos campeones aceptan una regla: la temporada no se gana con nostalgia; se gana ajustando continuamente. Se reordena la rotación, se mueve el line-up, se redefine quién cierra y se trae un jugador que cubra el hueco que el rival ya leyó.
En la NBA, la fecha límite de cambios cumple esa función: cortar inercias y recuperar defensa, energía y química antes de que el calendario sentencie. En la pelota dominicana, tenemos el caso de los Leones del Escogido que venían de años sin levantar el trofeo y, tras hacer ajustes, alcanzaron su corona en 2025.
Esta temporada 2025-2026 han vuelto a “remover la mata” cuando tocaba: y están cosechando los frutos ya liderando el round robin. Ajustar no garantiza al 100% el campeonato, pero sí evita que las redundancias te hundan.
Ese principio aplica al Estado, con una diferencia: aquí no se juega por innings o cuartos, se gobierna por años. Por eso los movimientos anunciados por el presidente Luis Abinader deben leerse como lo que son: oxígeno para la gestión, una oportunidad de refrescar el “roster” público y preparar la administración para un 2026 más exigente y orientado a resultados.
Estos nombramientos abren una “nueva etapa” con cambios en áreas neurálgicas. En lo jurídico, la llegada de Jorge Subero Isa sugiere criterio técnico e institucionalidad y Antoliano Peralta aterriza el nuevo Ministerio de Justicia con experiencia práctica de reforma y coordinación interinstitucional.
En el frente social, el binomio Mayra Jiménez–Gloria Reyes apunta a política social ejecutada con disciplina operativa; mientras Geanilda Vásquez agrega un perfil de gerencia pública para alinear prioridades del Gabinete Social. En lo fiscal, Pedro Porfirio Urrutia representa una señal de expertise tributario orientado a cumplimiento y modernización.
En Agricultura, Francisco Oliverio Espaillat trae una agenda de productividad y mecanización. Y en el triángulo economía–comercio exterior–vivienda, el recorrido de Yayo Sanz Lovatón en aduanas e Ito Bisonó en política económica, considerando sus en puestos anteriores, se espera el mismo nivel de ejecución para las nuevas instituciones a las que se dirigen.
Ahora bien, como en el deporte, la pregunta clave es para qué los cambios.
El oxígeno solo sirve si se usa para acelerar ejecución y elevar indicadores verificables: mejor servicio al ciudadano, más coordinación y menos burocracia. Un gabinete renovado no es un fin; es un medio. Si estos movimientos se traducen en desempeño, el gobierno gana aire para 2026 y los años siguientes.
Por: Orlando Jorge Villegas
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