Este domingo pasado el gobierno de los Estados Unidos anunció su retiro del Pacto Mundial de la ONU sobre Migración y Refugiados, que fue suscrito en las Naciones Unidas en 2016 para mantener las condiciones de seguridad y dignidad en los grandes movimientos de refugiados y migrantes, para la responsabilidad compartida hacia los refugiados y para una migración segura, ordenada y regular.
La embajadora estadounidense ante las Naciones Unidas, Nikki Haley, expresó que en su país estaban orgullosos de esa herencia de inmigrantes y su liderazgo moral al brindar apoyo a las poblaciones de migrantes y refugiados en todo el mundo, pero que sus decisiones sobre las políticas de inmigración deben ser tomadas por los estadounidenses y solo por los estadounidenses quienes decidirán la mejor forma de controlar sus fronteras y quienes recibirán autorización para entrar en su país, y que en dicho pacto muchas disposiciones de la Declaración son incompatibles con la política de su país sobre inmigración y refugiados, así como con los principios de la nueva administración, quien desde la campaña electoral prometió ser firme y celosa de sus fronteras por temas de controlar el terrorismo y el narcotráfico.
Esta decisión debe servirnos de ejemplo para nosotros como país soberano, libre y democrático, de no temer ni vacilar a la hora de defender nuestro derecho ante la comunidad internacional de aplicar y hacer cumplir nuestras leyes migratorias, hoy más que nunca, porque no es secreto para nadie y es cada vez más visible la inmensa presencia de nacionales haitianos, en su mayoría indocumentados, en nuestras calles, campos, pueblos y ciudades.
Hay también de otras nacionalidades, en menor escala, pero al menos documentados, y esta situación está despertando ya preocupaciones, temores y ojeriza en el pueblo dominicano al punto de preguntarnos, que puede estar pasando que no sabemos, porque como dijo el profesor Juan Bosch en una de sus memorables frases; «Hay cosas que se ven y cosas que no se ven, y las que no se ven son las más importantes».
Aquí lo importante es definir y saber que planes y acciones tomaremos como sociedad, principalmente el gobierno para enfrentar esta realidad social, económica y política que puede comprometer las futuras generaciones, nuestra identidad como pueblo y hasta nuestra soberanía. El Dr Joaquín Balaguer, recordamos dijo a principios del año 1993 que Haití era el principal problema de la República Dominicana.
Debemos frenar y revertir esta especie de invasión pacífica antes de que sea demasiado tarde y sobretodo ser firmes en aplicar nuestras leyes migratorias, así como lo hace nuestro mayor socio comercial los Estados Unidos, porque nuestra patria va primero.

