En política, como en todo en la vida, los errores se pagan caros. Mientras más errores se cometen, más hay que pagar. Confundir una empresa personal con un partido político democrático, es una torpeza.
Creer que los dirigentes y militantes de un partido son ejecutivos y empleados de una empresa, que pueden ser movidos de sus cargos o cancelados, sin observar si quiera el código de trabajo, es confundir lo individual con lo colectivo, lo mío con lo ajeno.
No permitir que la militancia se exprese libremente durante unas elecciones internas para imponer con el dedo a los candidatos congresuales y municipales, es actuar dictatorialmente.
Patrocinar un fraude en las elecciones internas para imponer a los candidatos de su tendencia para controlar los organismos del partido y secuestrar la democracia interna, burlando la voluntad de las bases expresada en las urnas, terminó en fracaso cuando la gente descubrió el engaño.
Querer ser juez y parte durante un proceso electoral interno alegando institucionalidad donde no hay institucionalidad, es propio de caudillos pasados de moda que cuando no pueden imponerse por las buenas lo hacen por las malas.
Creer que se puede actuar de espaldas a los principios, a la ética, a la moral, a los estatutos del partido y las leyes del país, es el colmo de la desesperación.
Pensar que el control mecánico de la cúpula del partido es garantía de triunfo, es ignorar que el poder del partido reside en sus bases y que esas bases que constituyen más del 90 por ciento ha decidido votar en contra de quienes pactan con el gobierno y violan sus derechos consagrados en los estatutos y en la Constitución de la República.
Pretender hacer otro fraude electoral durante las primarias para seleccionar el candidato a la presidencia, como el de la convención para escoger los dirigentes del partido, es jugar con fuego. Y se pueden quemar.
El dos por ciento y nunca jamás ya supera los 60 puntos. La percepción, contra la que lucha desesperadamente ahora el presidente del partido, habla de más de un 70%. Es decir, mucho a poco.

