Cuando el PLD ascendió al Poder en el 2004, sustituyó el eslogan E pa´fuera que van por el de E pa´lante que vamos. Gente idiotizada o ansiosa de ser favorecida con prebendas, se prestó a repetirlo como estribillo de una canción sin saber exactamente hacia dónde éramos conducidos como nación. Y es que para asegurar que íbamos en la dirección correcta hacia el desarrollo, se imponía certificar la calidad del gasto público, verificar si las tasas de desempleo, delincuencia y analfabetismo se habían reducido, y sobre todo, si el índice de pobreza se reducía con relación al crecimiento del PIB.
No puede negarse que la consternación y el desaliento dominan a la sociedad, y que la única esperanza que se le está ofreciendo ahora a los desheredados de la buena suerte, es la de morirse de hambre. Muchos vivos han comenzado a envidiar la suerte de los muertos, y ese tremendo potencial de esperanzas que es la juventud, empujada por las desigualdades económicas que genera la corrupción administrativa, está desviando sus pasos hacia la senda de la delincuencia.
El reporte de competitividad global del 2011 del Foro Económico Mundial, es un tapaboca para los que pierden el equilibrio emocional cuando leen o escuchan las críticas que se les formulan a esta administración. El informe sitúa la corrupción como el principal factor que obstaculiza la inversión, seguida de la excesiva carga impositiva y de las trabas burocráticas gubernamentales. Nos otorga un nivel de desarrollo de apenas 3.7 en una escala del 1 al 7, y nos ubica en la retaguardia entre otros 142 países: somos el 140 en desvíos de fondos públicos, el 107 en pagos irregulares y sobornos, el 141 en decisiones oficiales amañadas, el 129 en calidad de servicio energético, el 140 en calidad de educación primaria, y nada menos que el último en la lista en despilfarro del gasto público. Entonces, ¿es para adelante o para atrás que vamos?
