Editorial

Para bien

Para bien

Operaciones como la estatización de la Distribuidora de Electricidad del Este  (Ede-Este) darán siempre de qué hablar. Con todo y que el vicepresidente de la Corporación de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE) aseguró que todavía nada hay al respecto, lo importante, sin embargo, es que a la hora de la verdad lo que cuente sea el interés nacional.

Con el antecedente de Edesur y Edenorte, estatizadas en 2003 a través del Acuerdo de Madrid por incapacidad para cumplir los contratos, la transacción que se discute con Ede-Este por lo menos deja muy mal parado el proceso de capitalización del sector eléctrico.

El auspicioso índice de recuperación de Edesur evidencia que no se debe temer al carácter público de ninguna empresa. Si por algo se tiene que velar es para que se administre con transparencia y eficiencia, en lugar de que se conviertan en piñatas del clientelismo político.

En modo alguno, claro está, se puede dejar de estar atentos a la transacción con Ede-Este para evitar  que el remedio pueda ser peor que la enfermedad. Y más con los sucesivos conflictos legales que han caracterizado las relaciones entre esa empresa y el Gobierno.

El vicepresidente de la CDEEE, ingeniero Radhamés Segura, garantizó que las negociaciones serán transparentes y frente al país. Es lo que se espera, con la salvedad  de que en la operación el interés de la nación debe primar sobre el chantaje y beneficios particulares que suelen disfrazarse como inversión privada.

Inolvidable

Al ser la fecha en que en 1961 se puso fin a la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo Molina, el 30 de mayo es inolvidable para la familia dominicana. El solo hecho de conculcar las libertades es suficiente para satanizar a cualquier régimen como el que durante 30 años encabezó el tirano de San Cristóbal.

Para legitimarse en el poder, Trujillo impuso el orden y apeló a obras buenas como la inversión en salud y educación, dejando huellas que todavía perviven. Pero su ambición de poder lo hizo recurrir al terror, con crímenes tan horrendos como el de las hermanas Mirabal y el de Virgilio Martínez Reyna y esposa.

Experiencias tan traumáticas no deben repetirse bajo ninguna modalidad. Ningún bien material compensa la pérdida del más preciado de los dones como el de la libertad y todos los que lo acompañan. Las dictaduras hay que verlas como un capítulo superado de la historia.

El Nacional

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