Hipólito Mejía debió ganar la Convención con más de 700 mil votos, equivalentes a un 70 o 75% de los sufragios. Pero los 300 millones de pesos que se invirtieron entre sábado y domingo, sin incluir el dinero de los alcaldes, que fue mucho, junto a una buena estructura en cada provincia, municipio, distritos y paraje, lo impidieron.
Hipólito no tenía el dinero para comprar la convención, pero tenía la gente.
Hipólito estaba preparado para evitar que le compraran la convención. Y lo evitó con una acertada organización provincial y municipal basada en una buena preparación de los delegados y en una línea de masas. Ganar, como se ganó, fue una verdadera proeza. Toda la podredumbre, toda la inversión de valores que arrota nuestra sociedad, se mostró desnuda y descarnada el sábado y el domingo.
Digo todo esto para que conste, porque como dice el poeta Neruda, las cosas no se aclaran nunca ni con el olvido, ni con el silencio. Hipólito es el candidato presidencial con mayores posibilidades de ganar. Hipólito es el hombre a vencer. Hoy tiene más del 70% del PRD y alrededor del 60% en el país.
Durante una conferencia de prensa dijo tener tres tareas fundamentales. Primero, unir al PRD. Segundo, unir al PRD, y tercero. Unir al PRD. Ahí está la clave del triunfo, dijo. Inmediatamente le tendió su mano amiga y solidaria a todos los que le adversaron.
La confrontación terminó. El candidato presidencial del PRD, no de un grupo del PRD, es él. Y como tal está actuando. Hay que colocar al PRD entero al servicio de la candidatura presidencial. Miguel Vargas dijo muchas veces que si perdía la Convención entregaría la presidencia del PRD para que fuera ocupada por una persona de la confianza del candidato. ¡Enhorabuena! Pero si por alguna razón quiere seguir al frente del partido, que lo haga, pero que sus intereses sean los intereses del candidato Hipólito Mejía.
Lo que pasó, pasó. El pasado es solo un referente que sirve para ver el porvenir. Lo que procede ahora es que el PRD se una.

