El regalo que recibieron más de 220 mil estudiantes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), en el Día Nacional de la Juventud, fue una huelga profesoral que impidió ayer el inicio del semestre académico, una acción impúdica carente de la más mínima justificación.
La Federación de Asociaciones de Profesores (Faprouasd) reclama un aumento de sueldo de un 14%, que el rector, Iván Gullón, dice que no es posible conceder porque esa academia tiene un déficit de nómina de 31 millones de pesos mensualmente.
No se niega derecho de los docentes a un incremento salarial, como tampoco se desmiente lo dicho por el rector sobre la difícil situación financiera de la UASD, por lo que lo aconsejable sería promover una negociación sostenida en el buen juicio.
Es obsceno impedir que los estudiantes de la Universidad Autónoma reciban docencia desde el día inaugural del semestre, sin tomar en cuenta el daño que se inflige a una juventud que procura abrirse paso en los estudios universitarios.
La directiva de Faprouasd debería saber que el monto para cubrir el aumento salarial requerido tendría que ser cubierto por el Gobierno, o recolectado a través de severos recortes presupuestarios que afectarían la calidad de la docencia y las áreas de extensión e investigación.
Además del campus central, se impidió clases en todos los centros regionales de la UASD, con la advertencia profesoral de que la docencia no se reiniciaría hasta lograr la conquista salarial, como si los 220 mil estudiantes fueran responsables de la crisis económica que padece esa academia.
La sociedad toda ha de expresar profunda indignación por la abusiva e insólita decisión de cerrar en las raíces de los estudiantes las puertas de la Universidad Primada, sin tomar en cuenta siquiera que la pérdida o atraso del semestre académico sería como una tragedia para esos alumnos, sus familias y para el país.
Lo que se exige con sobrada razón, derecho y autoridad moral es que autoridades y profesores regresen a la mesa del diálogo o negociación y que de inmediato los docentes abran de par en par los portones de la UASD a los estudiantes, que no aguardan ni un minuto más para recibir docencia.

