Duermen plácidamente imponiéndose al coro ronco de metálicas voces de la ciudad. Ambos se sustraen de la vida real que cobra sentido con el incesante tráfico de gente y vehículos en la Plaza Rubén Darío, frente al llamado Obelisco Hembra, del Malecón. Y olvidan sus problemas aunque sea temporalmente. En ese momento son felices. Foto Jorge Gonzalez
