Opinión Carta de los Lectores

Paz y reflexión

Paz y reflexión

Cartas

Existe una crónica roja que mete miedo. No es la culpable de los hechos de violencia que ocurren en el país. Simplemente tiene el papel de ser narradora de la sangría.

A diario aumentan las noticias sobre robos, atracos, violaciones, y acoso intrafamiliar. Cada uno de estos apartados tiene su propia historia.

Con dolores propios, lutos encendidos de negro, luce difícil, a simple vista, que la sociedad pase sobre los demonios de una violencia desencadenada por rebeldes de sus propios infiernos.

La sociedad tiene que empoderarse de una amplia campaña de prevención social. Ir con rigores humanos a todos los sectores y concientizarlos sobre el respeto a la vida, y a la integridad física de las personas.

Se vive en una sociedad bombardeada por rasgos de violencia, donde nadie piensa en la prevención, sino en hacer valer su voluntad. El caso de las muertes en el hogar, donde el hombre prefiere matar antes que separarse de su antigua compañera sentimental.

Debe educarse desde la niñez que hombre y mujer son compañeros y amigos, y que nunca la terminación de una relación debe dar un baño con sangre y muerte.

También influye en este remolino de pasiones los constantes llamados a vengar infidelidades, que se hacen desde la bachata y los ritmos que ahora escucha la juventud. Esa exposición de intolerancia las 24 horas del día, debe mover a reflexión.

Nunca la salida a un problema entre seres humanos, y más si fueron parejas y hay hijos de por medio, debe terminar en el cementerio. De ahí la gran importancia de levantar la exposición de valores educativos.

También hay otros rasgos de violencia, que surge con los atracos, el raqueterismo, los robos y el sicariato, entre otros. En parte las estrechas condiciones de vida económica son responsables de esta situación.
Nada justifica el crimen callejero, pero se deben estudiar a fondo los comportamientos violentos que salen desde el barrio, de los sectores donde viven los excluidos, para tratar de prevenir.

Claro está que después que se comete un hecho de sangre, o un simple robo, llega el momento de aplicar justicia, y condenar de acuerdo a la violación cometida.

Que ningún crimen quede impune.
La policía, como auxiliar de la justicia, tiene que detener a todo el que viole la ley, sin excesos, ni sobre actuaciones. La justicia tiene que actuar con todo el rigor, sin prejuicios ni presiones, para de esa forma garantizar la paz y la tranquilidad de los dominicanos.

Por: Manuel Hernández Villeta

El Nacional

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