El populismo ha dejado de constituir, en opinión del Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, uno de los principales peligros para el sistema democrático. Desde su punto de vista el gran riesgo lo representan ahora otros dos fenómenos que engendran y fomentan el clientelismo: la corrupción y la ausencia de crítica. Aunque antes que simpático resulte odioso para algunos gobernantes de la región, por sus duras críticas, Vargas Llosa es, además de testigo excepcional de los actuales procesos políticos, un gran pensador.
Habló en Lisboa con motivo de un reconocimiento, pero parecía hacerlo en República Dominicana al señalar “que la falta de ética de partidos políticos y organismos públicos crea una falta de respeto a las instituciones públicas y una actitud cínica de los ciudadanos frente a los poderes”.
Se trata de prácticas nocivas, que aparte de dilatar el proceso de desarrollo de las naciones y fomentar la inseguridad, la criminalidad y la delincuencia, suelen propiciar acciones desesperadas en los pueblos.

