Opinión Articulistas

Pensamiento y poesía

Pensamiento y poesía

Eduardo Álvarez

No sé si sería correcto establecer una jerarquía del pensamiento. Más bien, del conocimiento, para acercarnos así a una explicación a la que arribamos a través de conjeturas filosóficas contenidas en los párrafos siguientes. Menuda aventura en la que nos estamos embarcando.

Procuramos, para empezar, encontrar la diferencia entre las formas de acopio y exposición en la comunicación oral y escrita. Lo que nos diferencia y destaca como seres humanos. A saber, conocimiento, sabiduría, genio, institución, consciencia superior y poesía. Y ustedes se preguntarán ¿Qué hace la poesía en estas disquisiciones? Como verán, esta aventura puede tener sus dislates aparentes, que luego resultan muy razonables. Veamos.

La idea de que la poesía podría estar por encima de todas las formas de pensar y comunicar es un concepto desafiante, fascinante y profundo. Atrevido. Capta la esencia de las emociones humanas de manera intensa y matizada, permitiendo una conexión emocional que puede superar el simple hecho de comunicar información.

Abre puertas a nuevas ideas y perspectivas, fomentando la creatividad de una maneras que otros géneros pueden no alcanzar. Y la economía del lenguaje, insuperable en la poesía, transmite significados complejos en pocas palabras, lo que a menudo no es posible en otros formatos de comunicación más extensos.

En tanto lenguaje universal, sus temas y emociones pueden resonar y conectar con personas de diferentes culturas y experiencias, promoviendo una comprensión más amplia entre los seres humanos.
En ese orden, aborda preguntas fundamentales de la existencia, la identidad y los sentimientos, invitando a la reflexión y a la introspección.

Única forma con licencia para confundir lo sublime y lo cotidiano con la mayor naturalidad posible. La experiencia no solo como un arte, sino como manera fundamental de comprender y compartir la humanidad en todas sus facetas.

Aún así, genera más preguntas que respuestas. Inquietante, rompe estereotipos, es insistente. Nos ayuda a descubrir incluso lo que damos por sentado. Obra tan digna de exaltación que hasta la más exagerada le haría justicia.