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Pisa: aristas al rescate

Pisa: aristas al rescate

No es coincidencia que los tristes resultados de las pruebas PISA para el estudiantado dominicano fuesen en matemáticas y ciencias.

Enseñar matemáticas y ciencias implica, además de los recursos necesarios (microscopio, sustancias, reactivos), gran creatividad e ingenio, para convertir lo que son las materias “mas pesadas del curso” en juegos que desafíen la imaginación. Les daré un ejemplo:

Cuando el hoy Museo del Niño era el más bello lugar de la Zona Colonial, había una Biblioteca Piloto Infantil y Patronato de Damas, dirigido por Nora Witkopp, la hija de un expresidente del Ecuador y la Sra. Vicini, que tenía un programa para la niñez de la Zona y Santo Domingo Este.

Nora me pidió que le impartiera un taller de poesía a esos niños, con dos objetivos: que descubrieran la belleza de la poesía y que mejoraran su auto-estima. ¡Tremendo desafio!.

Lo primero que hice fue explorar qué pensaban, habían oído decir, o creían los niños que era la poesía y que poemas si alguno conocían. Y, ciertamente, conocían los “zapaticos me aprietan”. Había entonces que enseñarles a pensar poéticamente antes de siquiera hablar de lo que es un poema.

Para ello, los mandé al patio a buscar lo que les llamara la atención: hojas, piedras, flores, madera; y una vez en el salón les pedí que revisaran los elementos y me los describieran: “dureza, suavidad, maleabilidad”, etc… Entonces les pedí que se pensaran como una piedra, como una flor, como una hoja y me dijeran qué sentían y los resultados fueron asombrosos. Un niño lleno una página de ¡ja, ja, ja, ja! Y cuando le pregunte qué era eso me dijo que él era una piedrecita del camino y cuando la pisaban le hacían cosquillas. De ahí a construir no uno sino varios poemas y enseñarle lo que es un verso, una estrofa, el ritmo y la rima fue fácil.

De ahí pasamos a escribir un libro y a ilustrarlo, y los padres se involucraron en buscar retazos, arroz, granos, con que adornar los libros de sus hijos, que orgullosamente tenían en la portada el título y el nombre del pupilo, seguido de poeta. Luego a enseñarles a tener en sus casas una caja de cartón forrada y bonita que dijera biblioteca y que podían guardar en cualquier parte. Y hubo libros para sus padres, y enamoradas y abuelos, y la poesía hizo sus milagros.

Por eso no es hora de harakiris y mea-culpas. El Ministerio de Educación debe convocar un concurso de artistas para que trabajen con los libros de textos de matemáticas y ciencias y diseñen juegos y dinámicas que involucren la niñez y rescaten la alegría de aprender.

El Nacional

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