El agonizante 2009 fue cadalso para un mundo que en sus días ha sufrido la peor crisis económica en más de ochenta años, por lo que su despedida esta noche tendrá efecto de ungüento sobre la flagelada epidermis de la humanidad.
La economía dominicana padeció los tormentos de ese aciago período en el cual cayeron los ingresos fiscales, colapsaron las zonas francas, disminuyeron las exportaciones, se incrementó el desempleo, se redujo el flujo de turistas y el envío de remesa, lo que en conjunto produjo una parálisis de las actividades productivas.
Hay razones, pues, para despedir con pitos y serpentinas al 2009, cuyos días fueron también de inseguridad ciudadana, incremento del narcotráfico, corrupción y criminalidad.
Se resalta, sin embargo, que la nave nacional pudo mantenerse a flote a pesar de la tormenta financiera global, gracias a una combinación de pertinentes medidas de políticas monetarias, capacidad de sacrificio de la población y oportuna intervención divina.
El pesaroso 2009 ha de sepultarse en el nicho del olvido donde reposan los tiempos infelices que no deberían retornar jamás.
El nuevo año presenta esperanzadoras credenciales de estabilidad y crecimiento, aunque prevalece el temor de que herede de su antecesor males mayores.
Hoy como nunca la población debe asimilar el dicho aquel de que a mal tiempo buena cara, en el entendido de que los días por venir no serían peores que los sufridos.
El 2010 representa también el inicio de una nueva década, cuya garantía de que no será perdida o extraviada, se sustenta en la vocación de trabajo y deseos de superación de un pueblo que como el dominicano nunca se amedrenta ante los infortunios que le depara la historia.
Es por eso que la sociedad toda ha de recibir el año nuevo con sobrecarga de júbilo y esperanza, porque todos los caminos han de conducir a un mañana mejor.
El Nacional desea feliz año al noble pueblo dominicano.

