Mi boca es un santuario de estaciones diversas, Judas multiplicado juega al secreto Desde la casa frugal que lo cobija,
Clona los panes adversarios
Para callar los labios primigenios
Donde la libertad acuna los derechos,
Y trata inútilmente de convertir vinagre en vino.
Servil señor de los serviles,
Dictador de ignorantes y vencidos
Copia fiel del engaño y la promesa rota.
Ignora que nuestro sitio
Tiene una sola voz:
Pueblo encendido en la trinchera
Que multiplica luchas y prodigios!
Leda García Pérez
La fotos de la portada del Hoy no podían ser más impactantes: Un grupo de jóvenes hombres negros: policías, disparando contra un grupo de hombres jóvenes negros: estudiantes de la UASD. ¿Resultado? El asesinato por la espalda de un joven, Willie Wander Florián, de 22 años, estudiante provinciano de Medicina, de San Juan de la Maguana, que observaba la contienda. ¡Otro desperdicio de vida humana!, y de los esfuerzos de sus padres, en función de un mal llamado paquetazo cuya injusticia amenaza incendiar este país. Por lo menos asi lo acaban de reportar un artículo del New York Times, y un reportaje de CNN, atribuyendo a la corrupción política de este país, y del ex presidente Leonel Fernández, el mal llamado hoyo fiscal.
De vuelta, los policías no utilizaron balas de goma sino explosivas para dispersar una protesta que a ellos mismos los beneficia, porque dados sus salarios y su origen de clase, los y las policías están entre los que mas sufrirán los recortes y aumentos del paquetazo. Ignoro quién los capacita, pero pocas veces he visto un desclasamiento mas acerbado que el de nuestras fuerzas armadas, matando a los de su clase y raza para mantener los privilegios de una clase que, además de teñirse el cabello de rubio, vive haciendo alardes de su parasitismo.
Se dice que un grupo de encapuchados le tiró piedras a la policía. Recuerdo un almuerzo, en una finca, donde un entonces coronel del DNI bromeaba sobre la efectividad de sus infiltrados en la UASD y con el hecho de que durante su visita a la cárcel un joven tuvo que gritarle para recordarle que él era un calié entre las masas estudiantiles y no podían tenerlo preso. Alguien le tiró del brazo para que se diera cuenta de que tenía un público equivocado.
Estamos pasando del estupor a la indignación y, como afirma la poeta costarricense Leda García, el pueblo esta multiplicando sus luchas y prodigios. Recen para que no se repita el verso final de Don Pedro Mir: ¡Y habrá sangre de nuevo en el país, y esa es mi última palabra!

