Semana

Poemas breves de  Víctor Díaz Goris

<P>Poemas breves de  Víctor Díaz Goris</P>

El poeta Víctor José Díaz Goris nació en San José de las Matas en 1966. Es psicólogo  egresado de la UASD, con maestría en Gerencia de Marketing por la Universidad APEC y maestría en Educación Superior mención Ciencias Sociales del proyecto Unapec-Camagüey.

Textos suyos han sido publicados por diversos diarios y revistas del país. Fue miembro juramentado del grupo de poetas Juglares de la Academia, perteneciente a la Academia Dominicana de la Lengua. 

Semana  presenta  poemas breves contenidos en su libro inédito Acuarela de Oropéndolas.

I

Tengo la piel

De un mujer

Cubriendo

Toda mi alma,

 Tengo los labios

De una mujer,

Donde estuvo

Mi corazón.

II

Deslizar una rosa azul

sobre unos labios

entreabiertos

y atrapar en un beso

el aliento

de la flor

y pétalos

de la dama,

y desnudar la flor

mientras se huele

a la fémina,

y saborear

a la mujer,

mientras degustamos

la rosa…

III

Una alondra

lleva en su vuelo

el tamaño

de la lluvia,

y un cuervo

lleva en su pico

el tamaño

de mi tristeza…

IV

Los besos perfuman

de luz

un corazón florecido

de palomas,

y la lluvia seca

los ojos

de un poeta

que tuvo palomas

floreciendo

en su corazón.

V

Si te hago el amor

bajo la sombra

de las orquídeas

te convertirás

en una de ellas

y así mi piel

estará para siempre

llena de tu perfume

y podré olerte

y tocarte

cada vez

que yo quiera.

VI

El color de las flores

cambia

cuando una mujer

las mira.

El corazón de un hombre

muere

cuando esa mujer

no lo mira.

VII

El que se enamora

oye miradas,

mira sonidos,

saborea colores,

huele emociones,

siente lo abstracto

y difumina

lo concreto.

El Amor,

igual que La Poesía,

tiene el poder

de convertirnos,

voluntaria

o involuntariamente,

en pequeños dioses.

VIII

Cuando te enamoras

sientes con el cerebro

y piensas con el corazón.

IX

Tengo una mujer

colgada del pensamiento

con su sabor

en los ojos

y su aroma

en las manos

tengo una mujer

que ocupa

mis sentimientos,

tengo una mujer

como única habitante

de mi alma.

X

Escribir una sinfonía de besos

Sobre la piel de una mujer

Es tarea de todo hombre

Que se sienta que lo es.

XI

Un beso puede hacer

Que en los labios nazcan oropéndolas,

Y que ellas te lleven

Donde nunca has estado.

XII

La lluvia se hizo

Para verla caer

Con una mujer al lado,

En el color de los besos

 Y el sabor de los abrazos

La lluvia sin una mujer no es lluvia

 Es sólo agua que cae del cielo.

XIII

Si la lluvia es igual a un beso,

Entonces mójame otra vez.

XIV

Besarte, a orillas del silencio,

bajo la sombra de las uvas,

con los labios llenos de estrellas

y las manos temblando de ansias,

hacerte el amor bajo los pistilos

de la madrugada,

que también se enamoraron de ti,

y tener un orgasmo

luminoso como la mañana,

para agonizar despacio

y luego dormir

sobre ti.

XV

¿A qué sabe tu voz?

A lluvia.

¿Y tu aliento?

A ti.

¿Y mi alma?

A mi.

XVI

Una mujer

Es un sueño a color

Con una mariposa

En el pubis,

Es un deseo

Hecho carne

Con un crisantemo

En la piel,

Es un beso pensante

Que crea el dolor,

Es un horizonte

Vestido de estrellas,

Es un abrazo que brilla

Bajo la luz

De la eternidad.

XVII

Andar, tomado de la mano

Con tu recuerdo,

Bajo un rayo de luz

Que brota de tu mirada,

Sintiendo en la piel

La caricia de tus labios ausentes,

Y tener en el corazón

Una rosa con tu nombre

En cada pétalo,

Saboreando los latidos

Que cada segundo

Me acercan más

A ti.

XVIII

Degustar unos labios

A la luz de una mirada,

Lo mismo que se degusta

El color del amor,

Y que en el corazón

Crezcan alas

Con el nombre

De la mujer amada,

Es acercarse a la dicha,

Estar más cerca de Dios.

XIX

A la tarde

Le surgen alas

Que me llevan

Hacia ti

Y llevan

En su vuelo

La estatura

De mis besos.

XX

Cuando llueve,

Hay una mujer desnuda

En cada gota que cae,

Por eso la lluvia

Huele y sabe

A mujer.

El Nacional

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