Encuentras en la poesía la única exaltación indispensable. Esencial en las narraciones históricas, compendia y facilita el entendimiento de las más abigarradas definiciones científicas. De ahí que una antología poética sea, a su vez, el retrato y toda la sustancia de una época.
Esto explica por qué Shakespeare haya sido seleccionado como la personalidad más importante del pasado milenio, de acuerdo a un estudio de la BBC de Londres, realizada a finales de los 90. Superando a destacados científicos, hombres de negocio, académicos y líderes políticos, el Bardo ha sido canonizado mundialmente por sus letras y, desde luego, por todo lo que ha influido en el comportamiento y los sentimientos de los seres humanos en cualquier parte del mundo.
Harold Bloom afirma que es el canon universal, el inventor de lo humano. Es como decir que lo humano es improbable sin la poesía.
Toda historia, por minuciosa y abarcadora que se pretenda, será siempre invertebrada [con el permiso de Ortega]. Los estudios anatómicos estarán, en todo caso, relacionados con la alimentación, la patología y los fenómenos naturales prevalecientes, sin ir más allá de una generación.
Todo esto significa que el ciclo del conocimiento científico para citar un aspecto nodal-, concluye antes de la edad promedio del hombre. Por tanto no trasciende, como ocurre con el canto y la poesía.
Estas disquisiciones, a manera de preámbulo, tienen sobrada justificación, sobe todo si se trata de comentar el compendio de la poesía del siglo XX en República Dominicana. La tarea no puede ser más titánica, en tanto riesgosa. Además de ser poetas, bien calificados y buenos, los antologistas son protagonistas de la etapa que les ha tocado relatar. El prólogo nos resulta generoso e incluyente. El afecto y la contemporaneidad, con sus divisas de proximidad e fraternidad, lo afirman.
Tomás Hernández Franco, Vigil Díaz, Franklin Mieses Burgos, Domingo Moreno Jiménez y Manuel del Cabral, cantores canónicos y representativos, compusieron las más encumbradas líricas de esta parte de la isla, primada aún en las letras y universales.
Amantes fervorosos de la literatura en todas sus vertientes, sobre todo de la poesía, reconocemos y agradecemos el estudio de Mármol y Basilio, acervo de conocimientos invaluable y equitativo, inéditos para nosotros, en gran parte.
Que nos perdonen los poetas y avezados críticos poéticos el atrevimiento de este comentario, pero no podíamos dejar pasar la oportunidad para rendir tributo, con infinita gratitud, a Hernández Franco y a Mieses Burgos. Al primero, por regalarnos su Yelidá, de principio a fin, con punto. Al segundo, por cantar, entre otras cosas:
Si tú el cálido aliento de tu pulmón soplaste,
para forjar del barro miserable la estatua.
preciosa de la vida.

