Opinión

Poeta revolucionario

Poeta revolucionario

Los pueblos latinoamericanos aclaman y reclaman la presencia de un Chávez. No lo buscan, es necesario precisar, en un militar troglodita, sanguinario, embustero y ladrón, como surgieron en esta vecindad hace algunas décadas. Ni en los políticos civiles que persisten, encubiertos bajo la máscara de una democracia cargada de absurdos y fantasías que nos sumen en la ignorancia y el hambre. Que la patria de Bolívar haya superado estos flagelos en los gobiernos Hugo Chávez justifica, con estas y otras obras de bien social,  las reformas que explican la aplastante popularidad chavista.

Procuran estos pueblos al revolucionario que hay en el presidente de Venezuela. Al mismo que es capaz de conmoverse frente a los más sencillos detalles, como este de aguársele  los ojos cuando “leo esas cosas que ustedes han escrito sobre Sabaneta” [Chávez es de Sabaneta, un pequeño poblado de Barinas]. “Espartaco es un poeta”, a decir de Víctor Hugo. Yo, que estuve en Sabaneta, puedo adivinar de dónde proceden las épicas inspiraciones de este revolucionario, confeso y   experimentado.

Hartos de ver cómo se pretende confundir el concepto de unidad con el de complicidad, aspiran a una suerte de socialismo moderno, combinado, sin que sea afectada la iniciativa privada, donde el bien común concilie intereses con el estatal y el de los grandes consorcios. Las multitudes amorfas, devenidas en sociedades organizadas, son elevadas a la dignidad cívica, cultivadas moral e intelectualmente. Educadas.

Toda reforma supone un acto heroico, por tanto, poético. De ahí que todo precursor revolucionario deba traer consigo el talante que le permita alcanzar lo sublime. Condiciones pertenecientes, más que a la mente, al alma. Para ellos, aprender es lo primero. La fuerza va a donde va su espíritu. Imanan entusiasmo y nos contagian con su alegría.  La plenitud trae con ellos la gracia. Al referirse a la infancia del hoy presidente Chávez, su madre, doña Elena Frías, lo describe como “un niño dulce y cariñoso, a pesar de su carácter fuerte”. Amor y fortaleza, la misma cosa cuando son prodigiosas.

Los líderes marcan el destino de los pueblos. Cuando son falsos e impuestos, resultan nefastos. Se delatan en sus ambiciones. Desenmascarados se desmoronan y se hacen merecedores del repudio público. Le temen a la verdad y a los gritos en las calles como el diablo a la cruz. Aborrecen a las multitudes. Provenir de estas hordas es su mayor carga.  Por eso huyen ante el menor aspaviento de esas masas embravecidas. Con Chávez sucede lo contrario. Toda Venezuela ora y está de pie, deseando la recuperación de su presidente enfermo. Adoran y respetan a este poeta -recio declamador- revolucionario. Oración a la que se han unido todos los pueblos de América Latina.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación