Quiero pedir excusas porque, en el fondo admiro mucho a Estados Unidos, aunque a veces he sido crítico de sus políticas, porque he creído impropia de su grandeza imponer con parcialidades apoyos con países soberanos, inclusive hiriendo dignidades como el más fuerte, que ha influido encareciendo el petróleo y con la ONU, así como la incondicionalidad con Israel, ganándose cuestionamientos innecesarios.
Otra de sus fallas de política exterior es que siendo República Dominicana la otra parte de la isla de Santo Domingo, víctima de problemas desgarradores, Estados Unidos ha podido ayudar más, proyectando a Haití, con dolor hay que decirlo.
Insisto en que Estados Unidos es el gran eje de la democracia y el líder principal del continente y sería atinado que el viaje que inicia el presidente Obama por Brasil, Chile y El Salvador, abarque otros países.
El sistema constitucional norteamericano mantiene sus poderes de los diferentes actores como Presidencia, el Congreso, la sociedad civil y otros. Su presidente negocia los tratados con países extranjeros y es el comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y el secretario de Estado es el Ministro de Relaciones Exteriores, siendo el conductor primario de su diplomacia. El congreso es quien declara la guerra, pero su presidente tiene capacidad de enviar tropas con aprobación congresional. El Senado es una de las dos cámaras que también tiene derecho de aprobar tratados hechos por su presidente, también de aprobar leyes que determinan el carácter general de su política exterior. El tercer brazo del gobierno es la Corte Suprema. También se ha conocido como la primera surgida con el ramo de olivo para reconciliarse con Gran Bretaña, establecieron relaciones con potencias como Francia, España Países Bajos y otras, que es muy útil que las nuevas generaciones conozcan como el sistema democrático es el mejor de los sistemas, aunque todavía con deficiencias; que conozcan bien sus fundadores y su fabuloso caminar, que seguirá influyendo aunque avancen otras potencias como la China y otras. Con todo respeto, los Estados Unidos seguirán con su gran base que ya tiene ese gran país aunque poco comprendido todavía por muchos como toda obra humana, pero no podemos negar sus luces extraordinarias, sus forjadores. Por ejemplo, recordamos a sus presidentes George Washington, en 1789 que proyectaba la buena fe y la justicia para todos, aunque evitando el apasionamiento con extranjeros; el ex presidente Jeferson en el 1801, insistía sobre la paz, la amistad y el comercio; James Monroe presidente en 1817 abundaba contra las colonias americanas dependientes de Europa.
Sigo aquel gran país con admiración y simpatía, y que el Todopoderoso siga iluminándolo.

