Ramón Rodriguez
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Abigaíl Adams, esposa del segundo presidente John Adams y madre del sexto, John Quincy Adams, fue una mujer extraordinaria, al decir del historiador Joseph John Ellis. Esa excepcional «primera dama» que sirvió de consejera a su esposo, solía decir que a los genios les gustaba vivir en tiempos difíciles, pues las grandes necesidades llaman a los grandes líderes. Sólo que las genialidades son atributos de los políticos profesionales, que dedican tiempo de estudio a las variantes que se presentan en la actividad política y no de las tantas personas que se enganchan a esa actividad, creyendo que la misma es una lotería que obedece al azar. A la luz de los acontecimientos, y con todas las informaciones de los estragos económicos, políticos, sociales y psicológicos que está provocando el Covid 19, pienso que las elecciones del 5 de julio, serán el punto de inflexión para que nuestra clase política haga conciencia de que sin importar quien resulte ganador se requiere buscar una salida a la crisis y dar respuestas satisfactorias a una sociedad abatida y apesadumbrada por la pérdida de sus seres queridos.
Las protestas de los jóvenes de aquel febrero frente a la Plaza de la Bandera es una muestra de que esta sociedad ha despertado. Por lo que, ante una economía herida de muerte, debe hacerse presente el concepto de flexibilidad y desde ya, ir creando las condiciones para formar una gran cruzada con todas las fuerzas vivas de la nación, para legitimar las decisiones que habrán de tomarse.
No hay que esperar los resultados electorales. Es ahora que se requiere el gran acuerdo: primero, para respetar los resultados y luego para emprender una jornada histórica de recuperación para honrar la patria de Juan Bosch, José Francisco Peña Gómez y Joaquín Balaguer.
Como diría Maximilien Robespierre:»La patria está en peligro». Él quiso salvarla con la guillotina, pero aquí hay que salvarla con la unidad de todos.

