Opinión

Politiquería  y delincuencia

Politiquería  y delincuencia

Así como fue necesario que la tierra se enfriara lo suficiente para poder ser habitada por los seres humanos, la sociedad dominicana tuvo que llegar a un alto grado de descomposición para que las personas sin valía, sinvergüenzas y sin dignidad llegaran a ocupar posiciones de preeminencia en diferentes instituciones del Estado.  Todo tiene su tiempo y su época en el comportamiento humano.

El material nocivo que hoy se integra a los partidos del sistema está consciente de que tiene todas las posibilidades de hacer carrera política con su participación, primero en uno de los organismos de dirección de una organización política desacreditada y, segundo, desempeñando una función pública en la cual se manejan recursos del erario.  En el interior de cada partido del sistema, por lo regular, el control orgánico lo tiene el grupo más inclinado a las maniobras politiqueras y es el mismo que, luego en el disfrute del poder político, hace del ladronismo una política de corte delincuencial.

  De la misma forma que la sociedad dominicana es heterogénea, los partidos y sus gobiernos no están compuestos por equipos humanos químicamente puros desde el punto de vista de la decencia, honradez y limpieza  política .  La ausencia de una buena conducta y ejemplo de honradez es de la esencia del comportamiento de los que tienen como único fin alcanzar el poder para hacer, desde sus órganos, dinero en forma ilícita.  No es por error ni por falta de información que aquellos que resultan como representantes del Poder Ejecutivo se apresuran en designar, en los principales cargos del aparato burocrático principalmente, a los que tienen un precedente delincuencial. 

Al pueblo dominicano le será muy difícil tener en el poder una administración integrada por hombres y mujeres que, en su mayoría, generen confianza en el manejo de los recursos del erario partiendo de lo que ha ocurrido aquí en los últimos cuarenta años.  La limpieza, la pulcritud y la pureza no acompañan a la generalidad de los que son escogidos para ocupar funciones en las cuales se manejan fondos públicos.  Hay una contradicción, en sentido general, entre quien hace uso del dinero del pueblo y la honestidad, la politiquería está divorciada de los que tienen un mínimo de honradez.

Es posible que muchos electores y electoras tengan la falsa creencia de que los distintos gobiernos que hemos padecido han estado preñados de ladrones de fondos públicos porque aquí no hay abundante material humano para ocupar posiciones y que genere confianza por su conducta y honradez probada. 

Pero la verdad es que los que sustraen dinero del erario son los que se ganan la confianza del Presidente, tienen la inclinación por el robo por su origen familiar y comportamiento delincuencial habitual, y, además, muchas veces los gobernantes de turno necesitan tener dos o tres funcionarios que hacen la labor de alcancía para el futuro político del mandatario de turno.

Aunque el fenómeno de la corrupción es de la esencia del  sistema social que predomina en nuestro país esto no quiere decir, en modo alguno, que en uno u otro gobierno no estén al frente de determinados organismos hombres y mujeres con un gran sentido de la honradez; pero no son los más.  Casi siempre se manifiestan contradicciones entre funcionarios ladrones y aquellos que tienen una actitud de rechazo a la sustracción de los dineros del erario.  Estas diferencias, muchas veces no conocidas por la opinión pública, llevan a políticos del sistema, pero honrados, a presentar sus renuncias a los cargos para los cuales han si do escogidos; no son muchos, pero se dan algunos casos excepcionales. 

Lo que más conviene a los gobiernos de minorías es tener como colaboradores a hombres y mujeres inclinados a obtener dinero por la vía fácil.  El enriquecimiento ilícito es el norte de la mayoría de los que ocupan la cúpula de los partidos tradicionales; de ahí se nutren los que tienen el dominio del gobierno y han llegado al mismo para enriquecer a los suyos y tener garantizado su futuro político con recursos provenientes del presupuesto nacional.  Los delincuentes políticos muchas veces se hacen necesarios para algunos presidentes con vocación delincuencial.

El Nacional

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