Guayubín Olivo, el mejor lanzador zurdo dominicano de todos los tiempos, golpeó al entonces joven y prometedor bateador y fildeador Felipe Rojas Alou, hecho que provocó un inicio de pelea y un conato de incendio del béisbol profesional.
Al día siguiente, un furibundo amante del béisbol y fanático liceísta llamado José Arismendi Trujillo Molina, alias Petán, fue al estadio Trujillo, después Quisqueya y hoy Juan Narichal y restableció la amistad entre la Montaña Noroestana (el gran Diómedes Antonio Olivo) y el hoy inmenso Panqué de Haina.
Tras llevarlos a darse un abrazo, el general Petán Trujillo se sentó en el palco del Glorioso Licey (al lado del dog-out) a ver el partido y a pujar por su equipo.
Lanzaba por el Glorioso Licey el zurdo estadounidense Bobby Gene Smith, cuando vino a batear el jardinero corto de los Leones del Escogido (hoy campeones nacionales por mérito propio) André (Sin la s) Rodgers, y el pitcher azul le dio un dead ball, lo que motivó al moreno Rodgers a ir a la caja de lanzadores y golpearlo (a Smith).
El liceísta Petán Trujillo, padre de la televisión nacional, se indignó como fanático y como general, porque consideró que era una falta al respeto a su presencia allí como conciliador y como jefe militar, por demás hermano del dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina, y se dirigió a la inicial, donde estaba el short’ escogidista, y le dio la bofetada más famosa de la historia de nuestro deporte rey.
El capitán Leonidas Radhamés Trujillo Martínez fue a la base Palacio Radiotelevisor La Voz Dominicana, lo que fue reprendido por su padre, el generalísimo Trujillo Molina, algo que ya había hecho con su hermano Petán. Leonidas Radhamés era fanático del Escogido.
Al día siguiente, lo recuerdo perfectamente (como recuerdo lo de las dos noches anteriores), los importados del Escogido fueron a las oficinas de una línea aérea que estaba ubicada en la parte baja del edificio Copello (calle del Conde esquina calle Sánchez) para arreglar sus papeles e irse del país.
El dictador lo evitó, ofreciendo disculpas y dando plenas garantías, lo que lo llevó a ir al día siguiente al estadio y presenciar el partido completo, algo que nunca había hecho porque no le gustaba la pelota.
Y porque evitaba que el béisbol dominicano se politizara, algo que nunca ha pasado, con excepción de la temporada pasada y a cargo de directivos de un equipo y cronistas deportivos irresponsables. ¡Cuidado!

