Haití es escenario de caos a pesar de que el Gobierno revocó el aumento de más de un 50% en los precios de los combustibles, la medida que desató violentas protestas en Puerto Príncipe y otras ciudades, con saldo de al menos tres muertos y decenas de heridos, así como daños cuantiosos a propiedades públicas y privadas.
La violencia callejera ha degenerado en actos de vandalismo con saqueos e incendios de supermercados, tiendas, estaciones de expendio de combustibles, instalaciones industriales y oficinas públicas, situación que podría agravarse con la convocatoria a huelga del sector transporte.
El llamado a la calma del presidente Jovenel Moïse no ha surtido efecto, por lo que parlamentarios haitianos han reclamado la convocatoria a sesión para intentar destituir al primer ministro Jacques Guy Lafontant, a quien culpan por lo que definen como incontrolable situación de caos.
A pesar de las violentas protestas desatadas por el intento gubernamental de atender un reclamo del Fondo Monetario Internacional (FMI), de aumentar el precio de los combustibles, la crisis de Haití no ha merecido la debida atención de la prensa estadounidense o europea.
Se requiere que los muertos y heridos se cuenten por decenas o centenares o que las turbas incendien a Puerto Príncipe por los cuatro costados para que la desgracia haitiana sea abordada por gobiernos y medios de comunicación de las grandes metrópolis.
Washington, París, Quebec, Bruselas, Madrid y otras metrópolis sólo expresan preocupación cuando las migraciones se dirigen hacia sus territorios o cuando el Gobierno dominicano intenta imponer control al ingreso de indocumentados a través de la frontera entre ambos países.
Demostrado esta que Haití no representa ningún motivo de atención para el Primer Mundo, ni aun cuando un terremoto destruyó su capital y causó la muerte de más de 200 mil haitianos, porque esos centros de dominio político y económico dirigen hoy su atención a Nicaragua, Ecuador, Venezuela y Brasil.
Un desbordante caos o el agravamiento de la crisis política y económica en Haití impactan de manera directa a República Dominicana, por lo que puede decirse que sólo aquí ese pobre pueblo tiene dolientes, como ha sido siempre y será por los siglos de los siglos.

