Opinión

Poses

Poses

En otras entregas he anunciado que nuestra sociedad ha registrado un enorme retroceso moral, afectando simultáneamente a todos los sectores de la vida nacional, pero mostramos mayor sorpresa con la actividad política, porque es la que, junto a determinadas disciplinas deportivas, despierta mayor pasión.

 Estoy convencido de que en nuestro espectro político nacional hay personas decentes, inclusive en los denominados partidos tradicionales, pero otros tantos –y son los más–  se atribuyen cualidades éticas que nunca  han llevado a la práctica en su vida pública y privada.

Y son los que se sienten “con mayor moral” para descalificar de forma generalizada a nuestra clase política. Observo, por ejemplo, la forma en que agravian a los senadores por el asunto del barrilito, el cual es malo para muchos críticos que, en el fondo, anhelarían tener no uno, sino cinco barrilitos.

Todos los recursos del erario ameritan transparentarse y darles el uso que establecen las leyes, sancionando ejemplarmente a los violadores de las mismas, pero tenemos que aprender a separar las actitudes honestas de la demagogia, porque tengo décadas observando a personas acabando con los gobiernos por la sencilla razón de que no les han dado un cargo público. ¿Cómo se puede creer en un opositor de esa índole?

La experiencia política y la condición de país pequeño, donde todos nos conocemos, facilita establecer el propósito de todos (casi todos) aquellos que accionan en el escenario político nacional.

Siempre se habló de políticos que se venden, pero ahora son partidos enteros, incluyendo al más grande de oposición, cuyo presidente es un próspero comerciante, hombre que se ha pasado la vida generando dinero en la venta. Entre los demás opositores habría que coger y dejar. Muchos asumen poses.

El Nacional

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