Opinión

Post-truth

Post-truth

José Antonio Torres

En el mito de la caverna de Platón, el famoso filósofo griego, planteaba que la verdad es independiente de nuestras opiniones. Estará siempre ahí aunque nadie crea en ella. Es una visión muy idealista sobre lo que existe.

Sin embargo, esta idea tan poderosa también tiene un lado oscuro: la mentira también puede subsistir y acaparar toda la atención porque, si bien no describe fielmente la realidad, no le hace falta; simplemente «funciona» en nuestras cabezas. Nos permite construir un relato sobre nuestras vidas,. Por eso sobrevive.

Hace unos meses el Diccionario Oxford señaló que la palabra del año 2016 había sido post-truth, que en castellano es algo así como posverdad. Este concepto señala que entre la verdad y la mentira hay un territorio de aguas turbias que escapa a esas dos definiciones.

La posverdad supone un emborronamiento de la frontera entre la verdad y la mentira, y crea una tercera categoría distinta a las dos anteriores. Una en la que un hecho, ficticio o no, es aceptado de antemano por el simple hecho de encajar con nuestros esquemas mentales.

Considerando que la posverdad es catalizada por contenidos irreales, por lo menos incompletos o tendenciosos, podemos cuestionar si, así como las redes sociales, la prensa ha hecho o no lo mismo por mucho más tiempo.

De acuerdo al filósofo Jürgen Habermas, hemos estado expuestos a la postverdad, espantosamente obvia, sin que nos diéramos cuenta. En otras palabras, explicó que «los medios de comunicación modifican la percepción y los sentidos de las personas, en la medida en que otro elemento tiende a ser destacado en perjuicio de otro».

Así, los medios tradicionales han sido adeptos a la adulación de la verdad como actualmente hacen las redes sociales con las noticias falsas, sólo que la gran prensa lo hace de una manera mucho más velada.

En el mundo de la posverdad literalmente cualquier idea puede dar paso a un discurso válido sobre lo que ocurre en la realidad, siempre y cuando los altavoces por los que se transmite sean lo suficientemente potentes. Saber si es verdadera o no, está de más.

Podemos concluir en que en un país donde las personas leen poco son fácilmente convencidas con argumentos reduccionistas, por lo que las redes sociales se han convertido en un ambiente provechoso y lucrativo para la industria de la mentira, producida generalmente por adolescentes irresponsables, desprovistos de mecanismos de comprobación de hechos, interesados solamente en atraer atención o aumentar seguidores.

El Nacional

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