Opinión

PRD

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El Partido Revolucionario Dominicano es una organización que, igual que las demás entidades partidarias del país, con pocas excepciones, viene experimentando un sostenido proceso de degradación que, no sólo le aleja sus posibilidades de poder, sino que, lo más importante, lo descalifica como mecanismo viable de solución de los problemas nacionales. En esta serie analizaré las causas que han determinado eso que, sin dudas, ha constituido una limitante para la postergada consolidación democrática del país.

 Se admite que en el origen del PRD, sobre todo al recordar la relación indisoluble entre su fundación y las luchas por la libertad en época de tiranía, el concepto de democracia jugaba un papel preponderante, con todas las consecuencias que esa apuesta implica. Es decir, estábamos ante una institución que se suponía comprometida con la instauración y fortalecimiento de un espacio democrático. Tampoco se discute su fracaso en este sentido, salvo que optemos por reducir nuestra valoración democrática a aspectos que no trascienden el ámbito electoral.

 La historia perredeísta tiene grandes momentos definitorios. No obstante, resaltan tres por la ocurrencia de acontecimientos significativos que han marcado el destino de la organización política que analizo. El primero va desde su constitución hasta la salida del Profesor Juan Bosch. El segundo, desde este episodio hasta la muerte de José Francisco Peña Gómez, y el tercero, desde este suceso hasta la actualidad.

 En sus inicios, la vida partidaria está caracterizada por el contexto en el cual se funda el partido, matizado por el exilio de sus fundadores, lo que determina su nacimiento fuera del territorio nacional; el regimen tiránico que padecía la nación; y la organización de las luchas antitrujillistas. A ese perfil vino a adicionarse el creciente prestigio que a nivel de América Latina fue adquiriendo Juan Bosch, lo que contribuyó a que se convirtiera, casi de manera natural, en el líder del partido.

 Un escenario con esos trazos, atribuía al PRD una aureola democrática sustentada más en sus prédicas y el aval de sus dirigentes que en su accionar como agrupación política. Sería después de su instalación en suelo dominicano, cuando se iniciarían sus prácticas partidarias, desde las que tendríamos mejores elementos para evaluar. De todas formas, una lucha terrible por la instauración del liderazgo tendría lugar, en la que, como era previsible, Bosch obtendría la mejor partida, pudiendo sentar, desde entonces, los cimientos sobre los cuales, descansaría un liderazgo de fuerte cariz autoritario.

El Nacional

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