Opinión

PRD

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(3)  Los obstáculos del PRD para actuar en consonancia con su imagen de representante del sector liberal, se han reiterado. La asunción de José Francisco Peña Gómez al sitial de su máximo liderazgo, lejos de constituir, como podría suponerse, la garantía de que se lograría esa aspiración, se erigió en un nuevo impedimento, porque al cerrársele el paso por sus características, al mismo tiempo se le abría al sector más conservador de la organización.

 De esa forma, el extraordinario líder de multitudes fue víctima por parte de sus adversarios de un bien orquestado plan a partir del cual le resultaría muy difícil no sólo alcanzar la primera magistratura de la nación, sino tener influencia en los gobiernos de su propio partido. Así las cosas, en las gestiones de 1978 al 1986, ambas perredeístas, es muy poco lo que puede exhibirse como aplicación del pensamiento liberal peñagomista. Casi podría afirmarse que su existencia era un elemento extraño e incómodo para unas autoridades que tanto le debían a sus ingentes afanes.

 Como si las desdichas fueran pocas, otra gran figura del ala liberal del PRD, fue reducida a fuerza de las limitaciones terribles que un cargo como la vicepresidencia de la república impone a quien está decidido a ejercerlo con lealtad y ausencia de conflictos con el jefe del Estado. Por esa causa, a un personaje de la dimensión de Milagros Ortiz Bosch, ni su partido ni el país pudieron disfrutarla en toda la potencialidad que es capaz de desplegar.

 En un escenario con tales características, resultaba previsible que tantas derrotas de los liberales a lo interno del PRD debían producir una mella significativa en las esencias que dieron origen a una organización en la que muchos dominicanos depositaron sus expectativas. Esa circunstancia, adicionada al hecho del predominio que el sector conservador ha ido consolidando en el país, hicieron del partido blanco una caricatura de lo que de él se esperaba y se convirtió en una más de las entidades partidarias que les sirven a los intereses que han predominado en la nación desde su fundación, dando, de esa forma, la espalda a toda la herencia que le había sido legada.

 Al PRD, su apuesta política lo coloca en una posición de desventaja competitiva. Aún habiéndose desnudado para seducir a los conservadores, todavía le persiguen los fantasmas por los cuales ese sector social se siente más cómodo depositando su representación en otros litorales.

El Nacional

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