Editorial

Precios congelados

Precios congelados

Con todo y que el petróleo ha  retrocedido en los principales mercados y la tasa de cambio se ha mantenido estable, el Gobierno ha vuelto a congelar los precios al menos de los dos tipos de gasolinas y otros carburantes, defendiendo la disposición como una suerte de sacrificio.

Pero por más sacrificio que en realidad pueda ser, aunque muchos tengan razones para dudarlo, medidas tan controversiales darán siempre de qué hablar. Y más cuando con las dificultades que ha habido en la economía, pese al flujo de recursos provenientes de créditos externos, el Gobierno no parece en condiciones de absorber ningún tipo de alza.

El comportamiento del petróleo y de la tasa de cambio ha sido para que el Gobierno bajara, en lugar de congelar, el precio interno de las gasolinas. Tras situarse a alrededor de 88 dólares el barril, el crudo ha descendido a menos de 77, en tanto las variaciones en la prima del dólar, que el Banco Central promedió esta semana en 36.23, han sido mínimas.

La Secretaría de Industria y Comercio alega, sin embargo, que impulsados por la debilidad del dólar los precios de los derivados del hidrocarburo repuntaron en los mercados internacionales. Ese fue el mismo pretexto para congelarlos en las últimas dos semanas.

Si el Gobierno se rigiera estrictamente por la ley de hidrocarburos por lo menos no habrían tantas conjeturas con relación al congelamiento durante tres semanas consecutivas de los precios internos de las gasolinas y de otros derivados. Porque alguna variación siquiera mínima se daría en el comportamiento de las cotizaciones.

Lo que se piensa es que por las dificultades que ha tenido en las recaudaciones, el Gobierno, sin mayores presiones de gremios de choferes ni de la opinión pública, juega a su antojo con los precios de los carburantes. Y de ahí que se permita dar, incluso, cualquier explicación.

Antecedentes sobre maniobras en que, por razones políticas, ha incurrido el Gobierno con los precios de los carburantes, completan la inquietud por decisiones que no se corresponden con la realidad del mercado.

El Nacional

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