Opinión

PRECISAMENTE

<P>PRECISAMENTE</P>

La delincuencia no puede entenderse en toda su complejidad. Ha alterado profundamente valores sociales básicos y ha distorsionado con ello la vida pública. Los especialistas que estudian los efectos provocados por la delincuencia en la sociedad, los clasifican en individuales y políticos.

El país vive una crisis política, sobre todo en estos tiempos de campaña electoral.

El punto es que la delincuencia se instala, y se muestra dispuesta a todo para imponer su voluntad.

Sé que no corren buenos tiempos para esperar que ocurran milagros.

Por la manifestación de coraje que ofrecen las valiosas fiscales que aceptan el reto de frenar sin miedo a los delincuentes, deben contar con el apoyo y la participación contundente y real de la comunidad dominicana. La participación comunitaria es importante. Se trata de un aporte necesario por el bien de todos.

Nunca antes había ocurrido este hecho. Hoy contamos con fiscales que trabajan con valentía y sin temor para enfrentar al narcotráfico y a todas las facetas del crimen organizado.  Los grupos criminales generan violencia y golpean a la sociedad hasta ponerla de rodillas.

El crimen se impone por sí mismo como factor de intimidación colectiva, y sus efectos se multiplican. Esto es cada vez más notorio.

A los delincuentes no se les puede ayudar a incrementar su capacidad de terror. No se debe crear tampoco un ambiente político que ayude a buscar justificaciones para el delito que pudiera venir más tarde.

El silencio de la mayoría de los ciudadanos no puede favorecer las bravuconerías y la impunidad.

La complacencia con muchas acciones ilegales ha conducido a una notable falta de libertad civil, porque el miedo es, ante todo y sobre todo, falta de libertad individual y personal.

¡Impulsemos el rescate de la justicia!

Combatir la delincuencia tiene que ser prioritario para cualquier gobierno. La delincuencia y el crimen organizado constituyen en la estructura social un grave problema, porque se dedican a segar vidas, además de ocasionar daños económicos y conducir al deterioro del sistema democrático.

Así, necesitamos fiscales que ataquen sin tregua a la delincuencia.

El Nacional

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