Sí, los políticos hablan y hablan con una gran ausencia de trascendencia. Necesitamos oídos nuevos para entender que los políticos pueden crear las condiciones elementales de una buena convivencia… No se puede ignorar el infierno a fin de ganar el cielo. Pienso que debemos atravesarlo todo. No se trata de eso o esto o lo otro, sino de esto y lo otro.
A diferencia de la búsqueda de los verdaderos valores del hombre, pasamos por un avanzado proceso de descrédito político.
Esta es una época de desaliento, desencanto, confusión mentiras descaradas y de promesas incumplidas.
La sociedad dominicana está compuesta por gobernantes y gobernados. A todos nos corresponde una cuota de responsabilidad en lo bueno y lo malo del desconcertante espectro político.
No hay dudas de que existe un desequilibrio o desajuste en alguna parte. Ahora nada podemos considerar aislado… tras el asunto más trivial, existen hechos individuales que evidencian males que contravienen el bienestar y la paz de todos nosotros. Sin embargo, este mismo pueblo expresa su tristeza colectiva de un modo socialmente aceptable.
Nuestra sociedad precisa de una estructura que dé consistencia a la confraternidad de unos y otros, mediante el compromiso común de una renovación integradora y purificadora en un tiempo y un espacio determinados, sobre todo, basados en el respeto a la vida, de la justicia y el amor al prójimo. Las ambiciones políticas hacen pedazos los verdaderos valores humanos.
El curso de los acontecimientos que hemos vivido a través de la historia no es el único medio de conservar las huellas de un pasado que debe ser abolido.
La gente del país, en su desconfianza política, está cansada de ese juego incalificable de enajenación verbal para caprichos y satisfacciones personales.

