En el momento que vivimos todos, de una forma u otra, parece como si se escapara de nuestras manos la estabilidad que siempre hemos procurado.
Cierto es, nos hemos acostumbrado a esa misma rapidez, que la aplicamos a la existencia.
Los expertos ha llegado a la conclusión de que la nuestra es una época de excesos: demasiadas opciones nos conducen a realizar casi todo lo que nos gustas hacer; pero somos incapaces de asumir lo que debemos hacer, nos guste o no.
Se nos vende una imagen de sociedad supermodernizada y tecnológica.
Sin embargo, las cosas no cuadran porque, más o menos así están… Veamos:
La canasta familiar disparada.
Alimentos y medicamentos de uso masivo suben de precios con inusitada frecuencia.
Hay crisis en el sector Educación, que afecta a toda la población.
Aumento de las deudas.
Los puestos de trabajo escasos y difíciles de conseguir.
Los combustibles y la tarifa eléctrica por las nubes.
Medidas impositivas que, si no se aplican, la economía del país corre riesgo de perder el programa de crédito con el FMI.
Sectores sin agua y en la oscuridad.
Cólera a la orden del día.
Indeseable bla, bla, bla en algunos medios de comunicación.
Moral en el suelo, cansancio, angustia, depresión e irritabilidad.
Políticos despretigiados, que, por lo mismo, han sido convertidos en antimodelos y ni lo saben.
En fin, la falta de oxígeno en esta sociedad que se resquebraja por todo lo que nos afecta, amenaza la convivencia humana digna…
Son elementos necesarios para describir una realidad amarga: así están las cosas.

