Opinión

Precisamente

Precisamente

El estrés rompe los esquemas en la sociedad institucionalizada, sin embargo, el estrés es  habitual y normal en la vida de todos. No puede evitarse cualquier cambio o decisiones a los que debamos adaptarnos, representan algún grado de estrés.

La repuesta a lo que produce estrés se convierte en anormal cuando se extiende demasiado tiempo. En el caso, por ejemplo, de esta sociedad moderna y estos gobiernos desconsiderados que nos enfrentan a muchos acontecimientos, con los cuales no estamos de acuerdo y que nos irritan haciéndonos perder el centro del control. De ese modo, puede desarrollarse una percepción instintiva de amenaza real o imaginaria que genera un efecto domino o multiplicador con diferentes niveles de tensión, lo cual está directamente relacionada con nuestra manera de reaccionar y asumir determinadas situaciones en la vida.

Hay varios tipos de estímulos estresantes:

Los del entorno que nos bombardea con ruidos, aglomeraciones, horarios rígidos, personas de conductas improductivas, conflictivas, caóticas, anárquicas.

Los de nuestro propio cuerpo:

Las enfermedades del envejecimiento, las restricciones de una dieta, los trastornos del sueño, exceso de trabajo bajo presión, el llegar a la adolescencia.

Los de nuestros pensamientos sobre los errores del pasado, los problemas del presente, la incertidumbre del futuro, el costo de la vida,  la energía  en crisis, la contaminación, la violencia gratuita que puede estar esperando a  la vuelta de la esquina.

Pensamos, sentimos y decimos que somos víctimas de estrés que nada podemos hacer, que todo viene de afuera, que vivimos rodeados de tensión.

El indicador más importante de la presencia de este mal  es cuando ignoramos que somos  los que creamos, provocamos o permitimos el estrés, por el manejo inadecuado de la propia energía en nuestra vida.

El Nacional

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