Mi experiencia personal concerniente a la economía cuenta con una gran capacidad de ignorancia. Seria algo así como el equivalente a hablar por el micrófono de una grabadora que no tuviera la cinta en que quedan grabadas las palabras. Un sentimiento de malestar me involucra con la colectividad, y lo expreso a manera de inquietud.
El actual auge de la demanda en la economía, solo un político anarquista estaría a favor de la disolución del Estado, aunque éste si debe encarar un panorama de cambios inteligentes.
Se sabe, que un presupuesto equilibrado supone un concepto bueno y provechoso que no entra en conflicto con las necesidades de la política, que casi siempre libra una carrera electoral. Esto, significa que se pueden apreciar los peligros de un déficit presupuestario continuo y acumulativo.
Si un gobierno practica un comportamiento económico irresponsable, no puede promover la responsabilidad con sus ciudadanos en los esenciales aspectos de la vida.
Sé, que el déficit debe pagarse y la única manera de llevarlo a cabo es pedir prestado, puede ser FMI o cualquier otro organismo. Estamos estigmatizados como gobierno y país derrochadores. ¿Cómo pagar determinada cantidad de dinero o siquiera cubrir los intereses de la deuda, intereses que pueden subir y bajar dependiendo de las tasas de interés? Creo que la carga pasará a la siguiente generación, o talvez, a generaciones que aún no han nacido y que no son responsables del déficit.
Otro dolor de cabeza económico con profundo efecto desestabilizador es el hecho de que no existen resultados satisfactorios en la inversión por la carencia de una distribución equitativa. Es posible hacer los recortes necesarios en el gasto gubernamental a fin de reducir el déficit de acuerdo con el programa prescrito por la ley.
Hay que deshacerse de ese fantasma que provoca atascos financieros con un nuevo sistema operativo para llenar ese hueco que nos agobia y desconsuela.

