Se vive un estado de profunda crisis, inflación, delincuencia, limitaciones en la educación, pobreza e ignorancia crecientes; carga excesiva de la deuda externa. Abrupto descenso del poder adquisitivo y de los niveles de vida que perturban seriamente la salud mental de la gente. Son innumerables los males económicos, sociales y políticos que nos afectan.
Parece, que por la fragilidad de las democracias, no nos libramos de una explosión social en cualquier momento, mirémonos en el espejo, de Irak, Irán, Egipto, Libia, Siria, España, París, Londres, Venezuela, Chile, y otros, no olvidemos que ningún lugar es tan lejos…
¿Y que hablar de la múltiple presencia de la violencia que golpea de forma indiscriminada a nuestra vulnerada sociedad?
Todo esto provoca un sentimiento de frustración y esperanza perdidas que nos impide una convivencia de bienestar y paz.
Creo, que esa confianza ha caído estrepitosamente. La situación revela que nuestras desgracias son consecuencias del manejo desafortunado de políticos miserables, que nos empujan, directamente hacia la mayor gravedad y el riesgo mayor de convertirnos, cada vez mas, en sociedad de violencia extrema. Y esto es suficiente, en medio de todo lo que pasa, porque hace tan dramática nuestra incapacidad, para encontrar una luz que nos guié.
La realidad aterra, es cruel y terca, tan compleja como polémica y nos arrebata la tranquilidad.
Esta sociedad, con su máscara de hipocresía, podría estar engañada por una vanidad que la ha ridiculizado.
Nos ha tomado tiempo comprender la incontrolable seducción de una visión de modernidad y consumismo carentes de la educación necesaria. Así, nada ilustra mejor lo dicho aquí.
